Juan Antonio Cebrián, una semilla y migas de pan

Cuando escuché por primera vez ‘La Rosa de los Vientos’, con unos 14 años recién cumplidos sencillamente aluciné.

Por ese entonces la juventud no estábamos tan idiotizados con las tecnologías como ahora y la radio era un buen pasaporte para imaginar, más para los que por la noche veíamos un momento ideal para dormir lo justo y hacer un rato compañía a la luna.

Se cumplen hoy, 20 de octubre, nueve años desde que falleció Juan Antonio Cebrián, mi mejor profesor de historia, que junto a primeras espadas del misterio y el conocimiento como Fernando Rueda, Silvia Casasola, Carlos Canales, Bruno Cardeñosa, Juan Ignacio Cuesta, Martín Expósito o Jesús Callejo entre tantos, salían durante las madrugadas a dar lo mejor de ellos, haciéndonos partícipes de temas tan interesantes como profundos.

Es curioso que mi maestro más querido para enseñarme a amar la historia jamás me haya dado clase en un aula, pero si por la radio.

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Viñeta de Salvador Larroca, homenaje a la tertulia de ‘Las 4 C’ de La Rosa de los Vientos en el cómic de Marvel “Amazing Spider-Man” número 22 (Panini).

Juan Antonio Cebrián (1965 – 2007), periodista y escritor, participó en distintos programas del transistor como ‘La Red, Azul y Verde’ o el ‘Turno de Noche’ antes de embarcarse en la aventura de ‘La Rosa de los Vientos’. Dejó una herencia impresionante. Particularmente, sus ‘Pasajes de la Historia’ han pasado ya a lo mejor de la radio en España, aunque también tiene un infinito bagaje literario y en tertulias. Soñar cada madrugada del fin de semana con piratas, templarios, barcos fantasmas, pirámides que trepaban piedra a piedra hasta los cielos, conspiraciones, secretos ocultos de la historia o leyendas fueron mis primeros contactos reales con temas que me apasionaban y que generalmente ni se mencionaban en los colegios. Aquella galería de estampas increíbles, fueron poco a poco haciendo que coqueteara cada día más con la historia y me enganchara a la radio para siempre. La Rosa de los Vientos es la principal responsable de que yo haya estudiado Historia en la universidad y nunca les estaré suficientemente agradecido.

El dolor de la pérdida de una persona tan especial y profundamente humanista ha ido dejando, duramente con el tiempo, un espacio para hacer hueco a sentimientos más cariñosos, que tienen menos que ver con el sufrimiento por su partida y más con sacarnos una sonrisa por su memoria. Una viñeta de Idígoras y Pachi hace referencia a esto mismo, imaginando al locutor de debate con reyes godos, disfrutando de sus temas allá donde esté y dejando la idea de que incluso después de su viaje, hay mucho que seguir aprendiendo de él.

¿Qué nos ha dejado Juan Antonio Cebrián?

Una semilla y migas de pan. Suena a un pobre tesoro, pero todo lo contrario, pocas cosas podrían valer más, me explico. Compartió con nosotros una semilla de interés, de compañerismo solidario, de entusiasmo y de ganas de aprender; de fascinarnos con nuestra historia como humanidad y con todos los enigmas que envuelven a nuestro pequeño planeta azul. Ese caudal espiritual solo puede echar raíces profundas si somos capaces de instruirnos de todas esas ideas que fueron sembradas a través de la radio y los podcasts. Las migas de pan que nos ha dejado para recordarlo, al estilo de Hansel y Gretel, han sido su extensa obra para disfrutarla y divulgarla. Hablo de sus programas de radio, de su web, sus Pasajes de la Historia, los del terror, los monográficos, las tertulias, sus prólogos, libros o su Asociación Cultural.

Nunca va a ser tarde para recrearse con su forma de sentir la vida, para aprender leyendo y escuchando, y mucho menos para enseñar estos valores a los más jóvenes que no pudieron vivir esas madrugadas pegados a la radio de forma cómplice con un equipo maravilloso que sigue hoy dando la batalla en Onda Cero.

Juan Antonio era una de esas pocas personas que brillaban con una luz propia y te hacía enamorarte de los más pequeños detalles de la historia y el misterio. Más de 100 ediciones en el conjunto de sus libros respaldan un trabajo de años reconocido entre sus compañeros de profesión y sus oyentes.

Dejando la pena que siempre da que se apague una luz en un mundo tristemente oscuro e injusto, es un buen momento para animar a todos a descubrir su trabajo, aprender de nuestro pasado con él y mantener viva la hoguera de la memoria con su recuerdo. Juan Antonio Cebrián, Dux de la radio y Magister del espíritu curioso, gracias por todo. Fuerza y Honor.

@hectorbraojos

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