La urbanización de Asturias en la Edad Media

La realidad urbana de Asturias solo es posible gracias a la iniciativa real que va dar lugar a repoblaciones de territorios completamente abandonados y marginales, reforzando localidades existentes y fundando nuevas comarcas con el fin de humanizar un espacio que estaba prácticamente desamparado por la naturaleza, en un terreno tan abrupto y poco propicio para la agricultura, la ganadería, la pesca o la extracción de minerales, van a ser las principales actividades de los núcleos de población, enmarcadas en un plan de la autoridad real para ir confeccionando una actividad económica que se va a desarrollar gracias a estas promociones de urbanizar el norte.

Acercándonos a la historia territorial, la organización administrativa, política y económica, con los límites que las fuentes nos permiten, vamos a poder aproximarnos a entender la realidad urbana en Asturias, donde a pesar de su acentuado carácter rural, sí que habrá un pilar pre-urbano y un desarrollo de pocos, pero grandes núcleos urbanos como serán Gijón y Oviedo.

Teniendo en cuenta estos aspectos, pasando desde el entorno urbano hasta el mundo rural, con perpetua conexión entre ambos elementos, podremos comprender cómo poco a poco se ha ido formando en periodo medieval las bases de una serie de localidades que van a dar lugar a una transformación asturiana que pasa por el crecimiento económico y demográfico para extender este ambicioso plan de poblar lo que se hallaba desierto.

La urbanización paulatina de Asturias es parte de la consolidación de toda una serie de protagonistas que tendrán que ver directamente con este desarrollo como serán la corona, la nobleza, el clero y por supuesto el pueblo llano, principal y olvidado estamento sobre cuyos hombros recae toda la explotación de recursos que se generaban en las pequeñas comunidades por mandato de las autoridades del momento.

Comprobaremos que la historia de la península ibérica estará estrechamente ligada al progreso de la urbanización asturiana, pasando desde tiempos romanos, visigodos, musulmanes y reinos cristianos, viendo cómo la organización territorial no se puede comprender sin los sucesos históricos de tantos pueblos que han pasado por la antigua Hispania. Además de estos elementos, factores sociales, económicos y administrativos harán de la urbanización la transformación de una intención en una realidad.

Las comarcas asturianas jamás volverán a ser las mismas tras el paso de la Edad Media por sus montañas, ríos, bosques y costas. La organización del suelo articulará incluso jurídicamente Asturias, creando una conexión entre paisajes modestamente urbanos que serán sometidos a reorganizaciones urbanas, pugnas por el poder municipal y al reflejo de una sociedad feudal que se adoptará de forma categórica.

Teniendo de nuestro lado a grandes historiadores que ya han investigado sobre este tema nos disponemos a adentrarnos en un fascinante mundo de creación del entramado urbano en esa Asturias, verde de montes y negra de minerales.

 

Fuentes


Para acercarnos a la realidad asturiana de su territorio y sociedad durante el proceso de urbanización en la Edad Media es preciso determinar los límites y posibilidades del conocimiento histórico acerca del reino astur.

Las fuentes son imprecisas y escasas desde el siglo V al X. Si bien es cierto que algunos especialistas califican este periodo historiográfico como la Edad Oscura, hay que tener en cuenta que Asturias no va a escaparse de esta denominación por una falta de registros y documentaciones que pudieran atestiguar fehacientemente que ocurrió realmente allí; sin embargo, según avanzamos siglos adelante sin salirnos de la cronología medieval sí que podemos encontrar fuentes más fiables que pueden aportar luz a historiadores que se adentran en tan antiguo periodo.

Por un lado, contamos con las fuentes narrativas, que comprenden las crónicas históricas, expresamente elaboradas para contar sucesos de la historia.

Durante la Antigüedad Tardía (siglos V-VII) se pueden observar documentos que nos ayudan a entender la evolución asturiana. La Crónica de Hydacio narra el asentamiento de suevos y visigodos en el noreste peninsular. La Crónica de Juan Bíclaro, a finales del siglo VI habla sobre la política de Leovigildo que se complementa con las noticias de San Isidoro. Además la Vida de San Fructuoso, escrita a finales del siglo VII data la evangelización del Bierzo, siendo en su conjunto estas obras, un necesario arranque conceptual de la vida asturiana.

En la época del reino de Asturias (siglos VIII-X) hay diversas obras históricas que sirven como herramienta al historiador tales como Nomina o Laterculi, listas de reyes redactada entre el 790-800, trasmitidos de diferentes tradiciones cronísticas.

En los últimos años del reinado de Alfonso III, en los siglos IX y X, se redactan narraciones referentes expresamente al reino de Asturias como la Crónica Profética (883), la Crónica Albeldense (881-883) y Crónica de Alfonso III, conocidas con diferentes redacciones en el siglo IX y con variaciones en el siglo XII.

En los primeros años del siglo XII también aparecen la Historia Silense y Crónica, del Obispo de Oviedo.

Por otra parte el importante desarrollo bélico o político-militar, es de vital importancia para entender la configuración de Asturias, donde los escritores árabe hispánicos tienen un mayor protagonismo.Destacan Ahmad al Rasi, Ibn Kutiya, Ibn Hayyan, Ibn Al Atir y el recopilador del siglo XVII Al Maqqarí.

En el siglo XIII la historiografía despega como nunca hasta la fecha, con hilos conductores que unen el más oscuro y remoto pasado con el presente regio de los siglos medievales, apareciendo Chronicon Mundi, De Rebus Hispaniae o la Crónica General del rey Alfonso X el sabio.

En los siglos XIV y XV hay una enorme lista de cronistas que retratan su realidad a través de las letras, narrando rebeliones, guerras internas, intrigas políticas o conflictos de sucesión. Forzado es mencionar por tanto la Crónica del Rey Don Pedro, Bienandanzas y Fortunas o el Memorial del Abad Don Diego, del monasterio de San Vicente de Oviedo.

En la investigación histórica son importantes también las fuentes escritas documentales, que comprenden principalmente escrituras de actos jurídicos, con una variedad muy significativa, entremezclándose los documentos originales, las copias y las falsificaciones. Los primeros años de la Edad Media, en el reino de Asturias hay 140 diplomas auténticos según el investigador Gonzalo Martínez Díez, de los cuales solo ocho hacen referencia expresa a Asturias.

En el siglo X hay escasez menor, pero escasez, apareciendo documentos de San Vicente de Oviedo, San Pelayo y la catedral. Será a partir del siglo XI cuando aumente este tipo de registro jurídico, debido a la fundación de cenobios que inmediatamente dan lugar a archivos progresivamente más detallados y precisos.

Actualmente se dispone de colecciones parciales del siglo XIII que pertenecen a San Vicente de Oviedo, la catedral de San Salvador y Santa María Belmonte. Además de ello hay códices editados como el Libro de los Testamentos, el Libro de las Constituciones, el Libro de la Regla Colorada o el Libro Becerro. Sin embargo aún hay documentaciones inéditas aun siendo consultadas varias veces por especialistas como el Libro de las Kalendas o el Libro de las Aniversarias de la Cofradía del Rey Casto.

A todo esto hay que sumar las fuentes epigráficas y numismáticas, donde son valiosas en información lápidas funerarias desde el siglo V al X. Entre los siglos XI y XV la epigrafía pertenece principalmente a inscripciones funerarias que pertenecen al más destacado clero y nobleza. Por otra parte los monarcas del siglo VII ya acuñan monedas con valiosa información, circulando la moneda sueva y visigoda los siglos posteriores hasta el reinado de Alfonso VI (1072-1109) donde se acuña la moneda de los reinos cristianos.

En último lugar y no por ello menos importante está la valiosa fuente arqueológica tan importante para el estudio del proceso de urbanización, siendo su descubrimiento provocados de forma casual o sistemática. La Antigüedad Tardía es especialmente pobre por falta de investigación sistemática.

No obstante la Alta Edad Media es un florecer continuo excepcional de edificios y yacimientos, configurando de este modo la denominada arquitectura asturiana. Sus análisis son imprescindibles para comprender el proceso de la red urbana que se va forjando a lo largo de toda la Edad Media.

Son fuentes abundantes en datos referentes a los aspectos políticos o dinásticos, poniendo de manifiesto durante los siglos pleno y bajomedievales apenas se cuenta con información arqueológica salvo excavaciones locales de edificios monásticos o cascos históricos como Oviedo.

La arqueología sin duda, a pesar de estos contratiempos, será una referencia continua entre los historiadores para aprender sobre la urbanización del reino de Asturias.

La urbanización en la Asturias medieval


El territorio astur tiene una larga y rica tradición de ser un “verso libre” dentro de la península Ibérica, si bien es cierto que tuvo una gran influencia de los grandes poderes que dominaban la región, también es verídico que hubo un cierto autocontrol de las sociedades del norte al margen de la autoridad central.

En ese contexto, en las montañas de Asturias, en la cordillera cantábrica hubo sociedades tribales que estuvieron poco controladas por el poder romano y visigodo. Remarcando esto, hay que señalar que poco control no significa que no hubiera una potente influencia ni que estuvieran ajenos a los procesos políticos y militares que ocurrían en Hispania.

Frente a estas organizaciones clánicas del norte tanto romanos como visigodos tuvieron sistemas defensivos como por ejemplo el enclave de León.

Cuando el Califato Omeya invade la península Ibérica en el año 711 y accede progresivamente mediante pactos y conquistas al control de la región, hay un núcleo de resistencia astur, donde la teoría tradicional apunta que su columna vertebral son visigodos, élites palatinas, mientras que otros investigadores apuestan por una llegada de huidos mínima o nula, apuntando a una paulatina evolución de las sociedades de las tribus de las montañas.

Sin embargo, como señalan César García de Castro Valdés y Sergio Ríos González, entre los años 713 y 714 la Gallaecia fue ocupada por contingentes bereberes y el territorio asturiano participó en esta tarea, bajo el mando de un gobernador en Gijón: Munuza, cuya actividad está claramente documentada en fuentes cristianas y árabes. Su llegada pudo coincidir con el valiato de Al-Hurr (716-719), siendo a partir de este momento el establecimiento de un poder independiente astur un proceso confuso para historiadores con interpretaciones muy controvertidas. Ello se debe a la contaminación de fuentes de errores e ideologías cristianas y musulmanas que tergiversan la realidad.

La historiografía cristiana más antigua señala una ocupación musulmana de Asturias de cinco años. Las fuentes árabes apuntan a una rebelión antifiscal de Pelayo, un señor probablemente encargado de la administración de la población sometida, siendo para algunos como un noble godo[1] o como un jefe local cántabro-astur[2]. En cualquier caso, el éxito de la revuelta se salda con un avance hacia el centro de Asturias, provocando la huida de Munuza y el comienzo de una etapa independiente y rebelde. La historia de la urbanización de Asturias no se comprende sin estas pugnas entre el poder local y central, dando lugar a partir de este momento a una relativa estabilidad que permitiera administrar el territorio poniendo los cimientos de una  pobre urbanización a nivel regional gestionada por los reyes.

Las estructuras sociales van parejas de la organización territorial, desde los siglos VIII al IX el espacio asturiano se articula en comisa o distritos, que gozaban de inmunidad, y en territoria, denominación exclusivamente geográfica. Desde el año 818 aparecen condes o encargados del poder real, muy presentes en los limes, en la frontera con los musulmanes. En general no hay información del régimen fiscal, Martínez Díez sostiene que los ingresos vienen principalmente de las villae de propiedad regia, hay que tener en cuenta la fuerte presencia del entorno rural y natural más que de ciudades grandes que son realmente escasas.

El órgano supremo será el Palatium, compuesto de comités palatii, herederos de los homónimos visigodos o seniores, consejo privado de los monarcas visigodos. En niveles inferiores están los saio yiudex. También hay una fuerte influencia de poblaciones mozárabes de semejanza con instituciones andalusíes, a pesar de la batalla de Guadalete que acaba con el poder central, las poblaciones locales seguirán funcionando con relativa normalidad.

Aunque nos centraremos después en esto, hay que señalar una gran importancia de Oviedo y Gijón como núcleos urbanos frente a un entorno rural. En el mundo social hay personas libres y no libres (esclavos, libertos, siervos domésticos, etc.), los cuales circulan en un mundo de pequeñas propiedades desde el siglo IX, así como copropiedades compartidas. Las aldeas tienen tierras de explotación individual y derechos de uso colectivo del monte, ligados a una silvicultura y la ganadería trashumante. Por tanto la producción del norte descansa generalmente en pequeños campesinos autónomos, que no son ajenos a las tecnologías que facilitan su trabajo, dando lugar al uso de molinos hidráulicos para el campo o avances para mejorar la extracción de minerales y prácticas agrícolas. Enmarcando todo ello en un circuito monetario de origen suevo y visigodos, con aportes francos, andalusíes y trueques de mercancías.

Por otra parte hay que mencionar que en el siglo IX hay una importante concentración de propiedades en manos laicas, de donde posteriormente surgirán los linajes nobiliarios del siglo X, siendo este poder, junto al real, un vínculo estrecho que se unía con la iglesia. La vida religiosa y la política de la monarquía articularán el territorio y la vida jurídica. Las sedes eclesiásticas van a condicionar el urbanismo medieval, proporcionando nuevos enclaves territoriales que van humanizando el paisaje.

Entre los siglos X y XIII se implantan de este modo grandes señoríos eclesiásticos, es decir, grandes patrimonios vinculados con la iglesia, las donaciones, expolios o compras que realizaban los señores, siendo territorios centrados en un solo titular o una pareja de ellos, algo que hará causara problemas por la lucha de poder entre los sectores laicos y eclesiásticos por la dominación de espacios urbanizados a la par que se va desarrollando el universo municipal de la región y se van perfeccionando las administraciones locales.

Entre los siglos X y XIV la articulación territorial se organiza en los comissa o mandationes del siglo anterior, que siguen funcionando, trabajando sobre un terreno de demarcaciones en ocasiones vinculados con monasterios o individualizados que reciben el nombre genérico de territoria o valles, siendo a partir del siglo XI mayores en número. La definición de estos territorios en Asturias difieren entre unas comarcas y otras, donde están las villaes, inferiores a las territoria o valles.

Entre los años 1050 y 1100 aparecen nuevos territoria, en nuevas demarcaciones que se caracterizan por un castillo dominante como centro neurológico del poder y ordenador del territorio y su urbanización desde la pequeña hasta la gran escala, como el castra de Gauzon, Tudela o San Martín de Soto. También en el año 1098 surge el término alfoz como territorio, siendo, como se puede comprobar un elemento más dentro del variado y extenso vocabulario asturiano referido a la organización del suelo para los espacios geográficos.

A partir del año 1140 el poder pasa a estar en dos clases de autoridades, el oficio merino y los condes opotestates o tenentes, que tendrán relación a la gestión de territorios como las pueblas, una política de fundaciones que arranca ya desde el reinado de Alfonso IX a partir del año 1255 hasta 1270, con una definitiva adscripción de las poblaciones a  parroquias, siendo, junto a los concejos dos claves para organizar el espacio. Las pueblas tendrán mención aparte por su importancia en la urbanización medieval de Asturias.

Será entre los siglos XIII y XIV la auténtica génesis y consolidación de la red urbana. En este espacio temporal se pondrán en el norte peninsular una serie de iniciativas destinadas a favorecer el auge de las ciudades ya existentes y a promocionar la creación de nuevas villas, con el doble objetivo claro de fortalecer el poder regio y mejorar la economía para una mayor producción de mercancía e intercambio de ellas en la red de enclaves antiguos y nuevos.

El traslado de la capital del reino astur-leonés a León significa una pérdida considerable en la antigua ciudad regia de Oviedo, y a pesar de que este descenso todavía hoy está pendiente de una revisión certera de estudio, sí que es notable el ascenso político del poder eclesiástico, erigiéndose el obispo como autoridad gobernadora. A partir del siglo XI el culto a las reliquias comienza a tener una fama internacional como demuestran los asentamientos francos del siglo XI y XII. Haciendo de esto una compensación demográfica junto a las medidas de la realeza d promoción urbana.

A comienzos del siglo XIII solo Oviedo y Avilés podían considerarse propiamente núcleos urbanos, en el resto del territorio asturiano, aun habiendo otros núcleos que podían acercarse muy tímidamente a tales ciudades, por norma general, la población estaba dispersa en pequeños asentamientos.

Este marco de ruralidad de primer orden hace que la actividad mercantil no fluyese de manera deseada, para contrarrestar esta situación hay una serie de creaciones de polas o pueblas pequeñas a modo de pioneros habitantes que repoblaran el territorio.

La morfología de los núcleos urbanos en Asturias está determinada por varios factores como son la situación topográfica y geográfica, el origen de poblamiento, las actividades económicas del uso de la tierra o su relación con las principales vías de comunicación en relación a otros puntos de congregación de habitantes, teniendo presente estos elementos, hay que señalar la capital importancia de los centros monásticos, la cultura popular de adoración de reliquias y el papel cada vez más fuerte de la burguesía a la hora de estudiar el desarrollo urbano del territorio astur.

La burguesía va a suponer una clase social que se va a desarrollar explícitamente al calor del desarrollo urbano, tanto en su centro, como en sus afueras, tan necesarias para la evolución económica de la misma. Es por ello que en Asturias su consolidación va de la mano con un aumento notable de la demografía, esencialmente en Oviedo a partir de finales del siglo XIII.

Va surgiendo en el norte por tanto una burguesía dedicada al comercio y la artesanía, que generalmente eran oficios rechazados por la nobleza y el clero, dejando un espacio libre en el mercado que ellos estaban dispuestos a asumir.

Su vitalidad económica, unida a la escasa presencia de una nobleza urbana, va a permitir que este grupo se adueñe progresivamente de las instituciones municipales y por tanto de decisiones relacionadas con el urbanismo de menor o mayor categoría, desde arreglar una calle en mal estado a determinar en qué sitios se puede construir o no, empezando a asumir el espacio como un asunto público.

También dentro de la ciudad se acaba declarando en qué lugares se puede vender cada mercancía con sofisticados códigos que protegen un comercio justo en sitios como el mercado, organizando de este modo tanto el espacio fuera de la ciudad con el territorio colindante al que expandirse como con el espacio de dentro.

Durante el siglo XIII se producen apreciables transformaciones en las estructuras nobiliarias asturianas, la inestabilidad política y la crisis económica de este siglo como tanto del XIV hacen que las instituciones eclesiásticas mengüen su poder de forma palpable y con ello se introduzca la nobleza laica, acrecentando su patrimonio y creando señoríos laicos. Haciendo de su política el expolio, y al carecer las autoridades eclesiásticas de una fuerza militar eficiente que defendiera sus propiedades, se vieron obligados a practicar la encomienda, que consistía en la cesión de los territorios de forma vitalicia o temporal.

La situación de debilidad de la corona también hace que se cedan territorios de realengo, procurando ganarse la fidelidad de sus nobles a través de este sistema de organización territorial en Asturias. Siendo con Enrique II el cénit a los nobles que apoyaron su causa contra Pedro I desde 1369, con las llamadas mercedes pequeñas. De este modo se va articulando la red de poblaciones que controlan estos nobles con exenciones fiscales u otros privilegios acordes con su categoría y posición social dentro del sistema feudal.

Poco a poco de esta forma se va dibujando en el tiempo la realidad urbanística de Asturias que está necesariamente ligada con los acontecimientos políticos y las formas de organización municipal que son los ordenadores del territorio, los impulsores de reformas en las ciudades y la construcción de las nuevas, poniendo de esta forma los cimientos necesarios para que en un futuro puedan desarrollarse en el norte una verdadera red urbana que contrasta fuertemente con el sur. En el norte hay núcleos poblacionales pero a excepción de las escasas ciudades grandes como Oviedo, Gijón o Avilés, el entorno es casi pre-urbano, sin desvalorar los cimientos que se construyeron para cambiar esta realidad, pero mientras que en el norte esta todo por hacer, en el sur, desde el Duero hacia abajo, se crean desde el principio con la reconquista instituciones municipales más eficientes.

La comunidad norteña va creciendo poco a poco al compás del desarrollo económico, donde a pesar de tener una proyección territorial mínima, se van cimentando al menos los primeros pilares de una base notable de pueblos que serán los antepasados de los futuros centros urbanos, teniendo en cuenta una realidad de reorganización darwiniana que permitirá prosperar las localidades que se adapten al medio y a la realidad económica, haciendo desaparecer municipios que se abandonarán por los centros que progresen.

Las villaes romanas y su desarrollo en la  Alta Edad Media


Una de las principales formas de poblamiento y agrupación humana durante la Alta Edad Media fueron las villas, cuyo origen se remonta a tiempos de la dominación romana, entendiendo la villaecomo propiedad agraria de considerable extensión con sus edificios, tierras cultivadas e incultas, su equipamiento y utillaje. Si bien estas villas se identifican como grandes propiedades señoriales, en las fuentes  medievales también aparece identificado a la realidad de una aldea, siendo esta ultima la que se da en menos ocasiones. Analizando las fuentes de donaciones y ventas, Nieto observa como las villas de Asturias  durante los siglos IX a XI no se presentan como grandes propiedades sino muy fragmentadas, y las descripciones que recogen de ellas se asemejan mucho a una aldea. [3]

Tras la caída de Roma, las villae pervivieron como demuestran las fuentes y la arqueología. Pero parece ser que la imagen de una villae, como una forma fundamental de la vida agraria que constituía un gran dominio, se desdibuja en la Alta Edad Media y el término puede expresar diversas realidades con gran disparidad regional. Los investigadores apreciaron como las villae pasan a designar realidades distintas y más amplias como “locus” (según la ley visigoda: lugares colectivamente habitados) como puede ser un valle.  Más adelante también aparecerán en las fuentes como explotaciones agrícolas familiares que se hallarían encuadradas en dichas aldeas.[4]639

A través de estos ejemplos, vemos que la perduración de la villae romana en Asturias no parece tan clara. Perduraron los topónimos y en algunos casos el carácter de gran propiedad, pero parece que no continúan en muchos casos como grandes explotaciones agrarias. En otros casos, se califica comovillae a ámbitos con una población que bien podían tener las realidades de aldeas. Es por tanto que la villa altomedieval asturiana ya no parece tan emparentada a la época romana si no que parece evolucionar considerablemente.

Sánchez Albornoz defendió que el área al norte de la Cordillera Cantábrica, la proliferación de villas eran en realidad prolongaciones de villas hispanorromanas, hispano suevas o hispano godas, no se construyen aldeas sino fundos unitarios. Es por ello que son grandes propiedades señoriales, mientras que al sur de la Cordillera predominan las aldeas. Garcia Larragueta define a la villa altomedieval como una propiedad familiar, de herencia romana y que evolucionara posteriormente hasta convertirse en un núcleo de agrupación humana, con una sede de un concilium local, con sus bienes comunales, derechos y exenciones que van adquiriendo.

Lo cierto es que en Asturias parece haber un temprano proceso de la remodelación de la propiedad mediante la presura de terrenos total o parcialmente despoblados. Parece que a mediados del siglo VIII, los antiguos poseedores de época romana se reducen de manera considerable en favor de un gran número de nuevos propietarios repobladores que utilizan la villa como forma de ocupación, apropiación y explotación de suelo. [5]

Estas villas de nueva creación se multiplica en la costa, como es el caso de las polas, y a lo largo de las vegas fluviales del interior, sobre todo en la del Narcea y en general en todas las vías fluviales que descienden de la Cordillera Cantábrica, y según defiende Nieto, esta localización en valles se debía por la facilidad de defensa y por ser cabeceras de puertos que son puntos de comunicación que conectan con la Meseta. En la segunda mitad del siglo XI, ya aparecen las primeras noticias de tráfico entre una y otra vertiente de la Cordillera Cantábrica. Además los monarcas tienen interés en repoblar esos accesos.

Nieto hizo un estudio sobre estas “villasnuevas” centrándose en el proceso de expansión de la economía rural, acompañada de una expansión demográfica y de repoblación que da origen a nuevos asentamientos entre los siglos X y XIV.[6]

En la actualidad, sabemos de la existencia en Asturias de 24 localidades con el topónimo de “villanueva” de claro origen medieval. Siendo difícil datar su creación puesto que presumiblemente muchas aparecen en documentos y donaciones posteriores a su creación, salvo que se traten de documentos referidos a un proceso repoblador. Pero podemos decir con seguridad que 18 de estas 24 “villanuevas” se crearon con anterioridad a la primera mitad del siglo XII.

Todo esto indica un considerable aumento de lugares habitados y de villae en la región, aumento que permitirá la redistribución de la población. Este proceso fue breve en el tiempo, no más de dos siglos, pero este aumento humano, llevaría sin duda a ampliar el espacio cultivado.

Las polas


La creación de polas o pueblas asturianas requieren una pequeña mención particular debido a su importancia en el papel protagonista de la organización territorial por su espíritu repoblador en el marco del desarrollo urbano y económico de los planes regios.

Según Juan Ignacio Ruiz de la Peña, las polas y la actividad repobladora también es asumida por el mundo eclesiástico. Las cartas de población se efectúan sobre territorios yermos, ni siquiera parcialmente despoblados, sino densamente poblados de antiguo, pero que por sus condicionamientos geográficos, tenían ya en época romano-gótica, una organización urbana muy endeble. Las polas sirven para reunificar a las poblaciones dispersas y marginales de las poblaciones rurales, además con ello impulsan la economía del territorio asturiano, encasillado en moldes rurales, aprovechando las posibilidades de comarcas abiertas al mar. Por otra parte esto fortalece a la autoridad regia, controlando más a la población.

El resultado del proceso de creación de polas abarcaría desde los siglos XII al XIII principalmente, llegando a surgir veintiséis plenas villas y la consolidación del régimen concejil, distinguiéndose en tres grandes etapas en el caso de las promovidas por el poder regio:

1 Fundaciones de Alfonso IX (1188 – 1230): Se centran principalmente en Galicia a pesar de tener un pequeño impacto dentro del marco asturiano. El monarca llega a fundar Tineo en 1222, a la vez que se crea Llanes, con seguridad cronológica a partir de 1225.

Alfonso IX recibe esta consideración de repoblador en diferentes fuentes que aluden a ello. Promoviendo además la aparición de la Puebla de Pravia entre los años 1227 y 1230.

2 Fundaciones de Alfonso X (1252 – 1284): Principalmente entre las dos primeras décadas de su gobierno es cuando adquieren mayor importancia las tareas repobladoras de este reinado. Va a ser el principal promotor de las polas o villas existentes en la actualidad de Asturias, como son la Puebla de Cangas (1255), Puebla de Grado (1256), Puebla de Lena (1266), Puebla de Valdés (1270), Puebla de Nava (1270) Puebla de Siero (1270), Puebla de Maliayo (1270), Puebla de Gijón (antes de 1270).

Será entonces cuando a partir de 1270 van a desaparecer las alusiones a las tareas de poblar nuevos espacios, dejando espacio a reforzar estos nuevos territorios.

Sin embargo Ruiz de la Peña apunta a que hubo otras creaciones de pueblas alfonsinas que se aparejan con los primeros años de su sucesor al trono Sancho IV, como son Salas, Navia, Colunga y Ribadesella, que no se han podido conservar. De esta misma forma aparecen atestiguadas por documentos del siglo XIII y XIV las pueblas de Carreño, Gozón y Aller correspondientes a esta etapa de construcciones donde el monarca se presenta como un gobernador y un constructor, algo apreciado por sus vasallos. Es parte de la ideología del poder regio aparecer en la sociedad como el ordenador del mundo que controla, un pensamiento heredero ya desde la etapa de los emperadores romanos.

3 Fundaciones del siglo XIV: La ferviente actividad fundacional se reduce y limita a un menor número de este tipo de acontecimientos, centrando el poder real sus esfuerzos en reforzar estas comunidades vecinales, otorgando privilegios y permitiendo una cierta iniciativa señorial. El marco jurídico en el cual se desarrollen estos enclaves a tener una gran importancia. De este modo finalizan las tres grandes etapas de las polas asturianas.

El instrumento utilizado para dotar de cierto respaldo jurídico a todas estas comunidades, van a ser las cartas de población.

En estos documentos se van a estipular de manera clara los derechos y obligaciones de los habitantes en relación a sus gobernadores, ya fueran reyes u obispos principalmente.

La carta era entregada con una previa solicitud de los representantes del concejo, un carácter exclusivista que se presenta de forma más clara en las cartas puebla de origen episcopal.

A pesar de tener ciertas diferencias entre unas comarcas y otras, especialmente en la articulación del texto, en estas cartas puebla es importante reconocer una serie de parecidos razonables que pudieran agruparse en una serie de elementos comunes como pueden ser la exposición de los motivos fundacionales, la expresión de la decisión fundacional, la metodología a seguir para elegir el nuevo lugar del que surgirá la nueva pola, la donación del alfoz o término municipal, la concesión del privilegio de celebrar mercado semanal, concesión de fuero, regulación de la organización municipal o los deberes de los nuevos habitantes además de sus privilegios.

A las nuevas polas se les aplica el Fuero de Benavente, a excepción de las antiguas ciudades de Oviedo y Avilés, regidas por el fuero de Sahagún.

En estas nuevas pueblas pasaban a convivir habitantes generalmente de origen local, adquiriendo el status de vecinos, unificando jurídicamente de esta forma a los pobladores.

Estos proyectos reales de las pueblas van a generar conflictos entre la nobleza rural y la iglesia. Mientras que la nobleza carecían de capacidad suficiente para hacer frente a los nuevos planes de los reyes, la organización clerical sí que gozaba de una buena posición en el equilibrio de poderes, por lo que a pesar de haber conflictos abiertos, la corona generalmente opta por dialogar y llegar a acuerdos con la iglesia, que fundaba sus quejas en la percepción de diezmos y ordenación del régimen parroquial de los nuevos enclaves urbanos, la ocupación de tierras señoriales y la amenaza que suponía para ellos el atentar contra los derechos de los señoríos episcopales y monásticos protagonizados por los concejos.

No obstante todos estos episodios no pudieron negar un triunfo de los reyes al crear las polas en ese esfuerzo de reforzar su autoridad, crear magnificencia en su reino y promover una actividad comercial que generara beneficios fiscales para la corona además de un comercio que como sabemos, traspasa las fronteras de la península ibérica desde Asturias.

Las polas, en un mundo donde la naturaleza prima son una herramienta para humanizar el paisaje e ir creando un débil tejido económico que diera salida a las ricas materias primas que podía ofrecer el norte como el mar, minerales, la ganadería y agricultura.

Economía


El reflejo del sometimiento social a las familias nobiliarias y a la iglesia se ejercía desde órganos de poder en Asturias a nivel regional, en órganos como la Junta General o el Cabildo o la Catedral. A nivel local lo eran los concejos y monasterios que reflejaban el control y poder en la vida económica.

En un territorio tan abrupto y poco adecuado para la agricultura como es Asturias, la importación de artículos como el cereal, el vino y sal, fueron constantes, es por ello que la ganadería toma un papel protagonista en la región, cobrando pastos y pastizales gran importancia. Estos pastizales eran en su mayoría propiedad del obispo de Oviedo, de los monasterios y de las familias nobiliarias, que en los distintos concejos utilizaban los pastizales para su propio ganado o lo arrendaban. Pero en los diferentes concejos existían pastos comunales, documentándose denuncias a señores por la apropiación indebida de pastos comunales, aprovechando la tardanza de la resolución de los litigios de este tipo.

El interés por la posesión y disfrute de pastos radica en que la ganadería es una de las bases de la economía asturiana, la cual es muy rentable. Destaca el ganado vacuno. Lo más común es que este ganado fuera dado en aparcería o comuña a los campesinos que lo usaban para la labranza, pero debían alimentarlo y cuidarlo. El ganado podía permanecer cerca de la residencia de los labradores que solía estar próxima a las villas y ciudades donde residían los señores. En verano lo pasan en los puertos y en invierno bajan a la costa y la zona central. Los vaqueros se encargaban de cuidar los rebaños formados por los vecinos del concejo o de los señores. La leche de cabras y vacas contribuía enormemente a la alimentación de los campesinos; la lana de las ovejas se utilizaba como materia textil.

Las tierras de labor por lo general eran propiedad de gentes ajenas al sistema productivo aunque existen campesinos independientes que trabajaban su hacienda propia. Sin embargo, lo más común es que los grandes propietarios fueran poseedores de un gran número de unidades de explotación muy dispersas entre diferentes aldeas. Por lo general las tierras de cultivo y el monte tenían diversos dueños. La nobleza vinculaba todas sus posesiones en Mayorazgos.

Nobleza, burguesía y clero son los mayores propietarios de tierra en Asturias, pero con diferencia el mayor propietario era el obispado de Oviedo, sobre todo con grandes posesiones en la zona central y occidental de la región.

La forma de más generalizada de cesión de unidades de explotación en Asturias fue el foro, por encima del arrendamiento, este sistema era por lo general perpetuo, pero se podía traspasar a cambio de un canon. El arrendamiento solía tener un plazo de 4 años que hacía que el campesino no tuviera interés por cultivar apenas

Las distintas familias nobiliarias tenían en su mano propiedades industriales como los molinos, imprescindibles para la economía casi autárquica asturiana. También existían ferrerías en manos de estos. Otra actividad importante era la pesca, solo las familias poderosas asentadas en las zonas costeras poseían barcos que utilizaban para comerciar y pescar.[7]

El desarrollo urbano de Oviedo desde el siglo IX al XIII


El origen de la ciudad parte del establecimiento en el lugar denominado Ovieto de unos monjes que roturaron el lugar sin dueño en el 761 y que fundaron el monasterio de San Vicente. La ciudad surgiría por tanto de un fenómeno espontaneo de agrupación humana, sin intervención ni arbitraje previo que condicionase su trazado. Oviedo se sitúa en una cuenca del mismo nombre como una encrucijada de caminos que da la posibilidad de acceso a toda la provincia a través de rutas naturales de comunicación, siendo centro de una región natural. Uría Riu sostiene que la proximidad a este cruce de rutas fue uno de los factores determinantes de la elección del emplazamiento sobre una colina entre los ríos Nora y Nalón, que tenía un valor defensivo que acentuaba el valor estratégico de su situación.[8]

Con el reinado de Alfonso II (791–842), se establece la corte en Oviedo, dotando a la ciudad de un esplendor arquitectónico y cierta entidad urbana con la construcción de palacios, edificios religiosos y construcciones defensivas

Las fuentes nos hablan de que Alfonso II se instaló en la aldea de Oviedo a la cual engrandeció y rodeo de murallas. El carácter rural del núcleo evoluciona hacia una configuración urbana en apenas medio siglo, gracias a la promoción real. Alfonso quería hacer de Oviedo una urbe regia que emulara el esplendor de la antigua monarquía visigoda y, de su capital, Toledo.

La urbe regia de Alfonso II tendría una fuerte conexión con la densa población campesina, estando integrada en el propio centro urbano por razones de subsistencia. Las circunstancias políticas y económicas en esta zona septentrional durante el siglo XI, hacen que las ciudades sean pequeñas, desconozcan la industria y el comercio como sostén de la vida urbana, acusando de un carácter rural en amplios aspectos de su desarrollo. La documentación medieval habla de la edificación de construcciones  monumentales y servicios urbanos; como viviendas familiares, iglesias, palacios, baños o acueductos, además, Alfonso II trajo reliquias a la capilla del Salvador. Todo esto es símbolo de la organización intencionadamente urbana.

Existe un debate acerca de la forma y extensión del recinto amurallado de Alfonso II (fig. 1), pero la más aceptada, la teoría de Uría Riu, afirma que tendría un trazado rectangular que englobaría los edificios principales como eran la Iglesia de Santa María, la basílica del Salvador, los palacios reales y dependencias.

Durante la época de Alfonso III (866-910), se engrandece Oviedo por el crecimiento natural demográfico, además la concentración de funciones de gobierno en la ciudad hacen que las construcciones reales desborden la civitas episcopal rodeada por las murallas de Alfonso II. Es por ello que Alfonso III construyó una nueva muralla que englobará a la civitas episcopal y a las nuevas edificaciones surgidas alrededor de la misma, situando su propio palacio al norte del antiguo recinto, y ampliando notablemente el mismo por el sur y el oeste, completando el recinto con el castillo-fortaleza construido en el lugar más expuesto, al extremo noroeste del mismo. Sin embargo, también aquí existen diferentes hipótesis acerca del trazado de la muralla. [9]

Además de la construcción de la muralla, Alfonso III restauró y engrandeció  las Iglesias de la ciudad con un gran gusto arquitectónico, así como la relación nominal de las ciudades repobladas y los castillos construidos alrededor de Oviedo para prevenir el ataque de los normandos.

Las posesiones rusticas están mezcladas con las construcciones y el ámbito urbano. Alfonso III construirá numerosas construcciones civiles, que harán que la ciudad alcance un estimable desarrollo urbano, sobre todo en los modos de vida. Esto no excluye la presencia de posesiones, viviendas y trabajos propiamente urbanos en este ámbito.

Una vez fallecido Alfonso III, se produce el traslado de la corte a León, lo que genera una cierta atonía del desarrollo urbano sin que se observe en la documentación ninguna obra notoria durante este periodo, pero Oviedo sobrevive gracias a su situación como encrucijada de caminos. La desaparición de su carácter de sede regia, hace que la catedral se convierta en el centro de la organización urbana, será el obispo quien abarque gran parte del poder y la autoridad en la ciudad.

Lo cierto es que Oviedo vive una etapa difícil en las postrimerías del siglo X y comienzos del XI, convirtiéndose en un núcleo empobrecido y con poco movimiento. Pero con Alfonso VI (1065 – 1072) se llega la recuperación urbana con el otorgamiento de un fuero a la ciudad a finales del siglo XI, y confirmado a principios del XII, que mejora la organización municipal. Este fuero será confirmado por Alfonso VII en 1145 y por Fernando IV en 1295. A esto se une la incorporación de Oviedo como ruta de peregrinación hacia Santiago de Compostela, genera una recuperación de la ciudad favorecida también por el estamento eclesiástico, que ratifica el señorío episcopal en 1112. Alfonso VI cede a la iglesia el palacio como hospital y establece al obispo y cabildo como patronos, como resultado, la población eclesiástica se convierte en la más numerosa e influyente entre los siglos X y la primera mitad del siglo XII. Las sucesivas donaciones a la Iglesia del Salvador, convierten a la catedral en la principal propietaria de Oviedo, acentuando los rasgos levíticos de la ciudad. También se instala aquí el Tribunal de Apelación que otorga una preeminencia a la ciudad con respecto del resto de la región.[10]

El auge de las peregrinaciones a Santiago en el último tercio del siglo XI  y a la Cámara Santa de Oviedo, tras su apertura en 1075 por Alfonso VI, reanimaron la vitalidad urbana de Oviedo. Con este trasiego de peregrinos aflora también el comercio y movimiento demográfico, lo que genera una expansión urbana. Este movimiento demográfico y comercial se aprecia a finales del siglo XI con el repoblamiento de la ciudad motivada por la aparición de los primero asentamientos extranjeros, en su mayoría francos, que llegaran a formar un núcleo de importancia a principios del siglo XII. Junto a la llegada de los francos, los habitantes de la zona rural circundante y los judíos, se vieron atraídos también por la vida urbana, y se instalan en Oviedo también a finales del siglo XI. La intensificación de relaciones entre pequeños propietarios cultivadores libres asentados en los alrededores, haría que sus actividades de intercambio y comercio revirtieran en la ciudad.

Donaciones entre 1128 y 1137 muestran la continuidad de la vitalidad urbana con la aparición de nuevas edificaciones construidas de nueva planta por el donante o el vendedor. En el fuero de 1145 encontramos ya una regulación oficial acerca de la venta, parcelación y unión de solares o la compraventa de casas, detallando la contribución o censo que debía de abonarse a las arcas reales y municipales. El fuero supuso la consolidación definitiva de las estructuras demográficas, sociales y económicas de la ciudad y consagración de sus funciones político administrativas a partir de un derecho urbano privilegiado. Este fuero confirma la mayoría de edad de la ciudad, con una organización urbana sólidamente establecida y es que la promoción regia con la concesión del fuero y el desarrollo creciente de las peregrinaciones a San Salvador fueron dos factores determinantes en la configuración definitiva de la ciudad de Oviedo.

Todo esto contribuye a una nueva ordenación espacial que nos sitúa ante una ciudad mercado sede de una administración concejil autónoma. El renacimiento ovetense se cristalizo con Alfonso IX (1188 – 1230), quien da nuevas concesiones a la ciudad como la regularización del régimen municipal confirmando su autonomía administrativa, la concesión del alfoz y el privilegio de celebración de un mercado los lunes. Por otro lado, se construye una nueva muralla que se finaliza en la segunda mitad del siglo XIII. Gran parte del espacio urbano del sureste quedaba extramuros, coincidiendo con el desarrollo y crecimiento del barrio mercantil. Ahora si podemos decir que Oviedo alcanza su plenitud como ciudad.[11]

La configuración urbana


Es difícil definir y delimitar el contorno exacto de la ciudad pues sabemos de la presencia de hórreos, unidades de un predio rustico que paradójicamente vemos integrados en el contexto urbano de Oviedo y que se convertirán en un elemento característico del urbanismo ovetense. Los hórreos son complementos funcionales  de las viviendas privadas. La casa, el hórreo y el huerto aparecen como conjuntos de distribución de superficie en las ciudades medievales de este periodo. El aumento de hórreos en la documentación nos puede servir como referencia del crecimiento de la ciudad durante el siglo XII y ver de la dependencia del alfoz y el alto componente rural dentro del núcleo urbano, del cual precisaba la ciudad para su abastecimiento. Aun así, la realidad de un Oviedo dúplice en estos primeros tiempos es difícil de percibir a través de los escasos testimonios materiales y escritos que nos han llegado, dado que ese núcleo edificado e internamente diverso del Oviedo altomedieval es totalmente identificado, hasta finales del siglo XII, con su civitas o sede episcopal que es la presencia dominante. Fuera de ella, se localizan los núcleos rurales de su entorno. Las referencias precisas a la villa, en cuanto entidad jurídica diferente de la civitas, son más tardías y escasas y empiezan a ser utilizadas en el contexto de las disposiciones políticas de los monarcas cuando quieren precisar con nitidez la doble realidad jurisdiccional, empezando por el propio Fuero, dirigido con exclusividad a los habitantes de la villa del rey y siguiendo con las disposiciones de Alfonso IX cuando, en 1188, concede el privilegio de coto sobre las personas y sus bienes que forman la clientela de casa del obispo habitantes en la villa y fuera de ella, espacios que corresponden a la jurisdicción regia.[12]

La morfología urbana vino determinada por la existencia de un espacio funcional bipolar. La muralla del siglo XIII englobaba dentro de su perímetro la antigua civitas y a la nueva ciudad mercado, la villa, quedando la doble jurisdicción eclesiástica y regia unidad por un mismo contorno murado. [13]

Dentro del recinto amurallado cabria distinguir distintos espacios englobados por:

–    El barrio de Socastillo. En el sector noroeste de la ciudad, teniendo como centro la fortaleza levantada por Alfonso III y la Torre de Cimadevilla.

–    El barrio religioso, núcleo de la civitas episcopal, compendia el espacio agrupado entorno a la Iglesia Catedral de San Salvador, incluyendo los templos parroquiales de San Tirso, San Juan, Santa María de la Corte, el antiguo palacio de Alfonso II, el palacio episcopal, los monasterios de San Vicente y San Pelayo y el hospital de peregrinos (antiguo palacio de Alfonso III). Aquí se concentraban la mayor parte de las dependencias dominicales de la Iglesia de San Salvador y de los continuos monasterios.

–    El núcleo del barrio mercantil era el mercado situado al sur de la ciudad,  en la actual calle de Cimadevilla, donde se generó un espacio de creciente actividad comercial y artesanal que ya desde principios del siglo XIII determino el desarrollo de las calles y plazas de clara vocación económica, evidenciado en el topónimo de las mismas la dedicación profesional de sus moradores. Este barrio contaba desde el siglo XIII con una nueva circunscripción parroquial urbana, la de San Isidro.

La disposición de las calles de Oviedo en siglo XIII se asemejaba a una planta octogonal, con la mayoría de calles alineadas en el sentido de los meridianos o de los paralelos. De Norte a Sur se abre un eje viario definido y fundamental en la vida urbana. Junto a las vías principales encontramos otras calles y callejas que permitían la comunicación entre unas y otras, siendo características la estrechez de estas, acuciada por la construcción de casas sin guardar ninguna alineación.

En la documentación podemos encontrar “vías” como caminos de relativa extensión y bastante anchura y “carreras” como caminos que serpentean entre huertos, casas y hórreos y de mayor estrechez. Existe poca documentación acerca de vías y calles pero se deja entrever que empiezan a configurarse de manera firme en el siglo IX. Pudiendo destacar solo la existencia certera de unos pocos caminos que se dirigían a la ciudad:

–    Strata Maiore. Alcanzaba a Oviedo por el Suroeste, sería un antiguo camino construido por los reyes ovetenses que quizás derivase de alguna ramificación de la vía romana desde Astorga, penetrando en Asturias por el puerto de La Mesa.

–    Uia Antiqua. Sería un trazado próximo a Oviedo de la calzada romana que desde León, atravesaba el puerto de Pajares hacia Gijón.

El trazado de los caminos será expresión de la vitalidad que caracteriza el desarrollo de Oviedo y del proceso de deforestación sufrido para realzar el aspecto de entidad urbana.

De vital importancia para la ciudad fue el eje longitudinal que atravesaba el recinto intramuros de Sur a Norte, y que se correspondía con el tramo comercial y de peregrinación de León-Oviedo-Santiago a su paso por la ciudad, limitado por las dos puertas principales del recinto murado: la puerta de Cimadevilla y la de Socastiello. El primer tramo de esta vía recibía el nombre de Cimadevilla, el segundo tramo de importancia era conocido con el nombre de La Rúa. [14]

Otro eje viario de importancia era el que unía la Puerta de la Ferrería y la Puerta de Gascona, tras bordear el atrio de la Catedral. De importancia eran también las calle que cruzaban el recinto amurallado de Oeste a Este como es el caso de la calle de Solazogue, que cortaba la calle Cimadevilla con la calle de la Ferrería continuando hasta la Corrada del Obispo. Entre este espacio limitado por las calles Cimadevilla, Ferrería y Solazogue, sabemos que se encontraba la carnicería ovetense con una superficie de 1,02 hectáreas. Sabemos también que las posadas de la ciudad se concentraban en la calle Cimadevilla, así como a los carpinteros. La existencia de un albergue en la calle Socastiello, la existencia de una calle de los plateros (fig.2).

En el Siglo XIII también hay constancia de la existencia de un importante espacio extramuros. Los franciscanos se instalan en una zona conocida como El Campo, mientras las monjas clarisas se instalan en el convento de Santa Clara en los arrabales que continuaban por la calle de Socastiello.

En una ciudad tan pequeña como era la de Oviedo, existía la iglesia-catedral de San Salvador  y un gran número de parroquias y monasterios. La iglesia era propietaria de ¾ partes del suelo de Oviedo. El resto de los habitantes se dedicaban preferentemente a las actividades mercantiles y artesanales que pese al escaso desarrollo comercial de la región asturiana, pero la apertura del frente marítimo cántabro-atlántico a partir del siglo XIII a los mercados exteriores europeos, tuvo su reflejo en el rápido progreso de la actividad portuaria de la cercana villa de Avilés, que influyó positivamente en el despegue económico ovetense.

Existe una burguesía en Oviedo que se ocupa de transacciones mercantiles y colabora con el poder monárquico cobrando impuestos o en negocios monopolísticos, revaloriza su dinero mediante el préstamo y ocupan cargos en el municipio que favorecerán sus negocios. La alta burguesía ejercerá como escribanos, jueces y regidores, mientras que la media ocupara oficios como los de abogados, escribanos, físicos y boticarios. El resto de la población ovetense se compone por artesanos, menestrales, criados y marginados. Sabemos que existían sectores y barrios ocupados por distintos oficios como: los plateros en la calle de la Platería; carniceros; trabajadores del cuero, zapateros y peliteros en la calle de Cimadevilla; ferreros, cerrajeros y armeros en la calle de la Ferrería; sastres y calceteros; carpinteros. Siendo alguno de estos oficios protegidos por el concejo debido a su demanda como fue el caso del sillero y el herrero.

El incremento progresivo del comercio obligó a fijar distintos lugares de venta para determinados productos. También sabemos de la concesión de monopolios de venta de ciertos productos. Así como el concejo intervenía y regulaba la actividad mercantil para evitar fraudes y desabastecimiento. Por lo que sabemos, Oviedo carecía de ciertos productos de primera necesidad, uno de los más deficitarios fue el vino que tenía que ser importado de la región leonesa. Avilés también cumplió como importante abastecedor del mercado ovetense, sobre todo de pescado.

Otro de las concesiones claves para la maduración urbana de Oviedo, fue la formación del alfoz, un proceso en el que se fueron agregando a la ciudad las tierras de su entorno rural. Dicho proceso empezó a principios del siglo XIII hasta concluir a principios del siglo XIV. En 1221, Alfonso IX concedió al concejo de Oviedo la tierra que integraban las parroquias comprendidas dentro del cinturón fluvial formado por los ríos Nalón y Nora. La ciudad y su alfoz constituían una entidad de derecho unitaria, pero en la práctica los alfoceros estaban excluidos de muchos derechos propios de la colectividad urbana. La unidad económica radicaba en la obligación de concurrir a un mismo mercado, el urbano, y por la vigencia de unas misma medidas de peso y capacidad impuestas por las autoridades de la ciudad. Era el concejo de la villa el que ejercía unas funciones ordenadoras y centralizadoras.[15] 45 ALVAREZ

A vuelapluma


Hemos tratado de mostrar el poblamiento medieval de Asturias, en el ámbito urbano y rural a través de la difusión en la región de la «villa» como nueva forma de apropiación, ocupación y explotación de la tierra, que a partir del siglo VIII con el inicio de un precoz proceso repoblador, cuyo resultado es una considerable transformación del poblamiento regional, en parte, al menos, como consecuencia de la práctica de la presura por la población inmigrada, con la consiguiente creación de una considerable cantidad de nuevas villae, en la ubicación de las cuales las vías de comunicación preexistentes parecen haber ejercido un considerable influjo. Ahora bien, la «villa» altomedieval asturiana, tanto en el caso de que remonte su origen a la época romana, como en el de que sea de nueva creación, poco o nada tiene que ver, en buen número de casos, con el pasado romano. La diversidad y complejidad parecen ser sus rasgos más característicos, y así la encontramos en las fuentes bien como elemento integrante de las grandes propiedades nobiliarias, bien como asentamiento humano rural colectivo, aldea, bien como explotación agrícola familiar integrada en esta última, o, por fin, como un conjunto de derechos, probablemente de origen público, ostentados por determinados miembros de la nobleza sobre los habitantes de un territorio que recibe el nombre de «villa».

En un ámbito preeminentemente rural, vemos como la promoción regia favoreció el desarrollo urbano de enclaves como Oviedo, ciudad que en su origen tuvo una formación espontanea que respondió a una agrupación humana sin intervención ni decisión regia que condicionase su trazado, el núcleo inicial por su carácter religioso bien pudo convertirse en una ciudad de raigambre monasterial pero la predilección y promoción regia a partir de Fruela I y, sobre todo con Alfonso II y Alfonso III, serán las que configuren el poblamiento y desvirtúen el carácter espontaneo inicial. La configuración definitiva de la ciudad medieval vendrán determinadas por lo tanto por la promoción urbana de la política regia, con la concesión del fuero y el desarrollo creciente de las peregrinaciones a San Salvador, mostrando perfiles puramente urbanos a finales del siglo XI.

Asturias dibuja por tanto un entorno mayoritariamente rural donde además las instituciones viejas chocan con la evolución municipal y de la corona. De este modo y acompasando el modesto progreso económico entre contradicciones internas, la transformación de la región norteña experimentará un notable impulso, lleno de complejidades y debidamente ligado a los procesos históricos, económicos, sociales, religiosos y al entorno natural de los enclaves poblados, siendo todo ello los pilares sólidos sobre los que seguir ampliando la red urbana en los siglos posteriores.

 Sergio Caballero Gallego y @hectorbraojos


Imágenes

  • 1. Teorías sobre el trazado de la muralla de Oviedo de Alfonso II.

vvvv 

 

  • 2. Principales calles y puertas de entrada a la ciudad de Oviedo (s. X-XI).

ccc


  • AGUADÉ NIETO, S. (1986), Las “villanuevas” en Asturias durante la Edad Media. En Institución Príncipe de Viana, Homenaje José María Lacarra de Miguel. Pamplona: Gobierno de Navarra, págs. 217-241
  • (1981), Transformaciones del poblamiento rural de Asturias durante la Alta Edad Media la Villa.Boletín del Instituto de Estudios Asturianos, 104, págs. 621-667
  • ALVAREZ FERNANDEZ, M. (2008). La ciudad de Oviedo y su alfoz a través de las actas concejiles de 1498. Oviedo: Real Instituto de Estudios Asturianos.
  • CUARTAS RIVERO, M. (1983). Oviedo y el Principado de Asturias a fines de la Edad Media. Oviedo: Instituto de Estudios Asturianos.
  • GARCÍA DE CASTRO VALDÉS, C. y CÉSAR Y RÍOS GONZÁLEZ, S. (1997). Historia de la Asturias medieval.Ediciones Trea. Gijón.
  • FLORIANO, A. C. (1962). Estudios de historia de Asturias el territorio y la monarquía en la Alta Edad Media asturiana. Oviedo: Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Oviedo.
  • MÍGUEZ MARIÑAS Míguez Mariñas, M. I. (2010). Espacio y sociedad en Asturias. Arqueología del paisaje y evolución social en el concejo de Castrillón. Ediciones Trea. Gijón.
  • RODRÍGUEZ BALBIN, H. (1977). Estudio sobre los primeros siglos del desarrollo urbano de Oviedo: de un monte despoblado a un fuero real 700 a 1145. Oviedo: Universidad de Oviedo.
  • RUIZ DE LA PEÑA, I., y BELTRÁN SUAREZ, S. (2007). Los orígenes del poder episcopal sobre la ciudad de Oviedo en la Edad Media.  En la España medieval, 30, págs. 65-90
  • RUIZ DE LA PEÑA, J. I. (1981) Las “polas” asturianas en la Edad Media. Estudio y diplomatario.Universidad de Oviedo. Gijón.

[1] Barrau-Dihigo, Sánchez Albornoz o Benito Ruano.

[2] Barbero y Vigil.

[3] AGUADÉ NIETO, S. (1986). Transformaciones del poblamiento rural de Asturias durante la Alta Edad Media la Villa. Boletín del Instituto de Estudios Asturianos, 104, pág. 654

[4] Ibíd., pág. 639

[5] Ibíd., pág. 642

[6] AGUADÉ NIETO, S. (1986), Las “villanuevas” en Asturias durante la Edad Media. En Institución Príncipe de Viana, Homenaje José María Lacarra de Miguel. Pamplona: Gobierno de Navarra, pág. 218

[7] CUARTAS RIVERO, M. (1983). Oviedo y el Principado de Asturias a fines de la Edad Media. Oviedo: Instituto de Estudios Asturianos, págs. 70-80

[8] RODRÍGUEZ BALBIN, H. (1977). Estudio sobre los primeros siglos del desarrollo urbano de Oviedo: de un monte despoblado a un fuero real 700 a 1145. Oviedo: Universidad de Oviedo, págs. 51-53

[9] RUIZ DE LA PEÑA,  J.I., y BELTRÁN SUAREZ, S. (2007). Los orígenes del poder episcopal sobre la ciudad de Oviedo en la Edad Media.  En la España medieval, 30, pág.76

[10] RODRÍGUEZ BALBIN, op.cit., (1977), pág. 446

[11] ALVAREZ FERNANDEZ, M. (2008). La ciudad de Oviedo y su alfoz a través de las actas concejiles de 1498. Oviedo: Real Instituto de Estudios Asturianos, pág. 47

[12] RUIZ DE LA PEÑA y BELTRÁN SUAREZ. op.cit., (2007), pág.85

[13] ALVAREZ FERNANDEZ, M. op.cit., (2008), pág. 32

[14] Ibíd., pág. 33.

[15] Ibíd., pág. 45

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s