Memoria: silencio o palabras

La memoria, el olvido y la injusticia forman parte del ADN de la historia, tres elementos que suelen ser recurrentes en entornos sociales complicados para el desarrollo de una vida digna. Factores esenciales en el día a día del hoy, que será la historia del mañana, y del ayer, que explica cómo hemos llegado hasta el presente.

Acercarnos a los hilos que conducen la historia del pasado a la actualidad tiene que ver necesariamente con la memoria, que solo se rescata con palabras, sin silencios que puedan ser dolorosos, transformando ese daño en algo diferente y que permita dar luz a tiempos oscuros; aparte, las motivaciones contra la injusticia son el motor para poner en marcha las ganas de averiguar el pasado, desterrando el olvido de quienes no quieran saber absolutamente nada de su historia o les produzca un sufrimiento muy profundo.

Tres películas-documentales podrían sugerir estas ideas que están ligadas con la historia cultural y popular de los pueblos, como son La burbuja, Al Otro Lado y La memoria obstinada, ejemplos de situaciones reales que conectan América Latina y Oriente entre sí con problemas y dilemas internacionales, con una oposición continua entre el silencio y los que luchan por enseñar al mundo una realidad. La relación entre la memoria y los conflictos armados son asuntos peligrosos para corazones sensibles, cuando especialmente estos episodios nos hablan de sucesos tan tenebrosos como los asesinatos del fascismo chileno, la precariedad a la que se enfrenta la clase trabajadora en México ante la pobreza o las mafias y el conflicto palestino-israelí.

Problemas del propio siglo XXI en una batalla continua entre las palabras y los silencios, entre los que quieren callar, olvidar y hacer como que no pasa nada, y los que quieren saber por qué sus familiares están muertos o desaparecidos, por qué sufren un presente empobrecido o de dónde surgen los enfrentamientos entre pueblos vecinos y hermanos. Siendo cuestiones que a pesar de aparecer en lugares tan distintos se pueden comprender a través del estudio de la historia, relacionando el pasado con el presente y sabiendo por donde caminamos para ver donde podríamos acabar en el futuro.

En La Burbuja, desde una óptica homosexual, vemos la vida ficticia de unos jóvenes en medio del conflicto de la ocupación sionista, con partidarios de no hablar de política ni derechos y con los que detestan el silencio. A veces las fantasías adaptadas al guion retratan mejor una realidad que un documental realista. El lenguaje de la memoria tiene que ver con el origen de la ocupación del estado judío creado todavía con la mentalidad colonial que se tenía en el siglo XX, recordando a las viejas reparticiones de África entre las potencias europeas, permitiendo poco a poco una ocupación total y violenta del territorio palestino por los sionistas más ortodoxos y beligerantes ayudados principalmente por los EEUU en un momento internacional de apoyo por el despiadado holocausto nazi. Además de esta enorme lucha que todavía desangra penosamente los desiertos palestinos, surgen otros movimientos como el de la homosexualidad que todavía tienen tantos detractores a un lado y otro de los muros de Israel. Es una continua defensa de los derechos de la dignidad en medio de un océano patriarcal y heterosexual, una batalla que todavía se libra por la continua persecución y desprecio por las personas que tienen orientaciones sexuales diferentes a la tradicional heterosexualidad. Una pelea que solo se gana con educación, concienciación y en definitiva palabras contra los mudos, los que no dialogan, los que quieren ser sordos y velar sus tradiciones por encima de la libertad de los demás.

Del mismo modo, en Al Otro Lado, las masas populares hablan de la terrible precariedad de la clase obrera en México, donde para huir de la pobreza tristemente hay dos caminos abarrotados debuscavidas: el narcotráfico y la emigración.

Habiendo mexicanos divididos entre los que no quieren hablar por miedo, al cártel, a las mafias organizadas y los que denuncian su situación, abandonada a su suerte por el estado.

Allí, la crisis económica, la corrupción, las vinculaciones del poder y el delito han empobrecido cada vez más a la población, que cuenta ya con más de 2 millones de parados y que en 2012 contaba con 53 millones de personas pobres, intentando escapar de la escasez escalando posiciones en el narcotráfico o jugándose la vida cruzando a los EEUU, sabiendo que incluso allí tendrán dificultades para encontrar un trabajo temporal. Cualquier opción retrata la incapacidad y falta de voluntad del estado mexicano de cubrir una pobreza estructural del sistema que perjudica a las clases más humildes y los empuja a delinquir, a emigrar para ganarse la vida o vivir intensamente en la vida de los cárteles sabiendo que pueden acabar en la cárcel o en el cementerio. La crisis estructural del sistema capitalista agudiza las tensiones entre las diferentes clases sociales y documentales como Al Otro Lado muestran las expectativas reales de desesperación por salir de su condición de penurias, conviviendo con el mundo ilegal, siempre apreciado de alguna forma en el imaginario colectivo mexicano por esa admiración a los que se revuelven contra el poder o se rebelan contra lo establecido ya desde la revolución mexicana en 1910. Dejando entrever al espectador la lucha entre lo que cuenta la gente común y lo que se cuenta en los grandes medios que suelen obviar estos problemas nacionales. Hay realmente una disputa entre los que guardan la memoria de lo que viven y han vivido y los que callan.

De esta misma forma ocurre en La memoria obstinada, que narra las desapariciones provocadas por el fascismo de Pinochet, con un golpe de estado al legítimamente votado Salvador Allende.

Los debates de la memoria y el olvido se siguen produciendo incluso entre los nietos de los que sobrevivieron a la dictadura chilena.

Este régimen (1973-1990), considerado por algunos historiadores como un franquismo latinoamericano, es una victoria militar sobre los ideales marxistas de Allende, elegido democráticamente en elecciones libres, produciéndose con el golpe un anticomunismo visceral desde las instituciones con una traducción de terror y represión en las calles y contra cualquier movimiento revolucionario o contrario a la dictadura.

Poniendo en práctica de esta forma un liberalismo salvaje promocionado por los EEUU y los Chicago Boys (abanderados por Milton Friedman), radicales ultra liberales, que empobrecieron aún más a los trabajadores a costa de un beneficio que obtenían los propietarios de las grandes empresas y el estado en un momento de shock para la sociedad al paralizar cualquier oposición con los asesinatos y las torturas de las fuerzas armadas al servicio de Pinochet. La guerra de la memoria frente al olvido también se observa en estos temas entre familiares que ahora están dispuestos a hablar, a recordar aquellos tiempos que tanto sufrieron y que a tantos familiares y amigos les arrebataron.

La presencia extranjera de los norteamericanos es también algo recurrente en los tres documentales por su presencia en todos los sucesos políticos y económicos más trascendentales, en oriente por su apoyo sistemático a Israel e incluso sus ocupaciones ilegales de territorios palestinos o sus guerras, en México por la frontera que divide el territorio y por donde se cuelan vinculaciones con el narcotráfico, las mafias organizadas y la CIA que permite esta actividad a cambio de información o control, o en Chile, donde el apoyo estadounidense al golpe de estado fue clave para parar el avance del marxismo prefiriendo tener dictaduras que participaran de la economía del libre mercado internacional.

La experiencia de la vía chilena hacia el socialismo de la Unidad Popular fue un fenómeno revolucionario y democrático que tras una dictadura acabó de nuevo en democracia con una transición pactada que seguía protegiendo a Pinochet, el cual incluso llegó a ser  Comandante en jefe del Ejército de Chile hasta 1998 y Senador de la República de Chile hasta 2002, muriendo sin ser juzgado en 2006.

La lucha por recuperar la historia e iluminarla con palabras y datos sigue completamente vigente en miles de casos que no se aclararon de torturas y desapariciones. Dignificar la historia ayuda a comprender en qué mundo vivimos.

De esta forma, de nuevo la presencia de los que se atreven a hablar y los que callan vuelven a encontrarse de frente.

Reavivar la llama del recuerdo es parte necesaria de la historia cultural que principalmente portan consigo las clases populares con memorias que a veces se difuminan con el tiempo con una herida interna a causa de la violencia del ser humano. Sin embargo, aunque pueda ser doloroso, encender ese fuego en necesario para no volver a cometer errores del pasado y fijarnos hacia donde queremos avanzar colectivamente.

La historia no solo sirve para entretenerse en sueños lejanos de lo que pudo haber sido y no fue, o una breve descripción de un suceso que consuela la necesidad de explicaciones que tenemos para comprender la actualidad.

La historia es parte imprescindible del ser humano, una herramienta para aprender de nosotros mismos y de mirarnos frente al espejo, con todas sus luces y sombras. Definir el pasado para comprender y mejorar el futuro es la única guía que puede asegurarnos un entendimiento común.

Son estos tres archivos audiovisuales un ejemplo de cómo los silencios no son buenos para comprender el presente, más aun, son nefastos para comprender absolutamente nada, “menos mal que con los rifles no se matan las palabras”.

@hectorbraojos

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