Crónica del Califa ‘Abdarrahman III an-Nasir entre los años 912 y 942 (Al-Muqtabis V)

La historia de Al-Ándalus es esencial para entender la realidad de la península ibérica en la Edad Media, trataremos de analizar el contenido y la importancia del al-Muqtabis V, obras de Ibn Hayyan (987- 1076), uno de los principales historiadores andalusíes que recopila en este libro las principales fuentes sobre el reinado de Abd al-Rahman III que nos relata con todos los hechos más destacables que acaecieron durante su reinado desde el 912 hasta el 942. Cabe destacar la importancia que tiene el Muqtabis V siendo una de las pocas obras íntegras que se conservan de este periodo.

Contexto histórico reflejado

La situación del Emirato de Córdoba antes de la subida al trono de Abd al-Rahman III no fue fácil, las tensiones y conflictos se agravaron ante la política pro-árabe que los Omeyas ejercieron y que explicaba los conflictos protagonizados por bereberes y muladíes, que se levantaron en Toledo, Zaragoza o Badajoz. Estos levantamientos pusieron en peligro la supervivencia del propio Estado cordobés. Pese a esto durante esta fase se consolidaron las estructuras administrativas y políticas. Y, al mismo tiempo, se produjo un irreversible proceso de islamización que redujo a los cristianos o mozárabes a una minoría.

Finalmente, en el 912 Abd al-Rahman III sucede a su abuelo y sube al trono a los veintiún años de edad. En este momento el Estado se encuentra en una situación caótica, el territorio andalusí se hallaba dividido desde la segunda mitad del siglo IX en más de treinta poderes locales autónomos e independientes respecto al poder central que sufría una crisis de soberanía, autoridad y de incapacidad recaudatoria.

Es por esto que uno de los primeros objetivos de Abd al-Rahman III fue la pacificación militar de al-Ándalus, en la que invertirá veintisiete años de los cuarenta y nueve de su reinado. Para ello, según las circunstancias otorgó títulos, privilegios, pactos, prebendas; o simplemente destruyó, saqueó, tomó rehenes o aplicó castigos. Una vez hecho esto, cambiaba constantemente de cargos para evitar el resurgir de las dinastías.

En el 929 se autoproclamó califa, un gesto que se entiende ante la necesidad de consolidar su legitimidad y autoridad, en un momento de decadencia del califato abbasí y, por otro lado, la amenaza que suponía el califato fatimí de Egipto que pretendía extenderse hasta al-Ándalus. Abd al-Rahman III consiguió hacer de al-Ándalus una potencia mediterránea, y de Córdoba una de las grandes ciudades del mundo islámico. La pacificación interna provoco un fabuloso desarrollo económico y demográfico, lo que explica la ampliación de la mezquita aljama de córdoba. También se construyó a las afueras de Córdoba la ciudad palaciega de Madina al-Zahra.

La administración del Estado era compleja y se hallaba presidida por un hayib, el aparato del funcionariado estaba integrado por antiguos esclavos (saqaliba), aunque los principales cargos estaban ostentados por miembros de la nobleza andalusí. El ejército estaba formado principalmente por mercenarios bereberes o de la España cristiana.

En cuanto a la política exterior,  dirigió numerosas aceifas contra los territorios cristianos, teniendo como principal rival al reino de León. De hecho obtuvo una gran derrota en la batalla de Simancas (939) que cerca estuvo de hacerle perder la vida. También intentó imponerse en el norte de África frente a los fatimíes, donde consiguió ganar influencia mediante conquistas y pactos con principados, pero su política discontinua hizo que a finales de su reinado su dominio sobre esta zona fuera mínimo.

Autoría y composición

Abu Marwan Hayyan ibn Jalaf ibn Husayn ibn Hayyan ibn Muhammad ibn Hayyan ibn Wahb Ibn Hayyan al-Qurtubi, más conocido como Ibn Hayyan, fue uno de los historiadores más influyentes e importantes del mundo andalusí, gracias a él tenemos amplios conocimientos sobre la historia andalusí hasta el periodo de Taifas. Testigo de la desintegración del Califato de Córdoba, fue uno de los mayores defensores de la legitimidad omeya, pues elaboró un discurso ideológico de gran impacto. Por desgracia, gran parte de la obra de Ibn Hayyan nos ha llegado incompleta y fragmentada.

Ibn Hayyan nació en el 987 de la era cristiana en Córdoba, siendo descendiente de una familia de mawla-s (libertos), su padre, Jalaf, fue secretario de la compleja administración desarrollada por Almanzor. En su formación tuvieron relevancia Abu ‘Umar Ibn Abi l-Hubab, filólogo de renombrada celebridad, Abu Hafs al-Umawi, alfaquí y tradicionista y el compilador Ibn al-Faradi, autor de la “Historia de los ulemas de al-Ándalus”.

Según señalan algunos historiadores, puede que la gran revuelta de los bereberes (1009-1031), a ojos de Ibn Hayyan tachada como atroz y lóbrega, fuera el detonante para activar una vocación historiográfica. En sus propias palabras dice que su terror ante estos sucesos que traumaron la sociedad andalusí, se vio empujado a llevar un registro estricto de lo sucedido. Cabe señalar que este hecho es más traumático si cabe para personas que se movían en una administración que les servía de amparo y sustento.

Llevará a cabo una importante labor de producción intelectual que le pondrá en la consideración de ser uno de los mejores de la época. Estará siempre vinculado con el poder, contando con la protección de la dinastía de los Banu Yahwar, en la persona de Abu l-Walid, rey de la taifa de Córdoba, el cual requería de un cronista que dedicase su tiempo a dirigir alabanza hacia su persona. El reconocimiento de Ibn Hayyan a estas alturas de su vida tuvo que ser grande, ya que se sabe que multitud de discípulos se arrimaron a él para buscar su saber y experiencia. Pronto fue sustituido por el hijo de Abu l-Walid, ‘Abd al-Malik, quien menospreciaba al historiador.

Uno de los episodios finales de su vida, fue vincularse con la taifa de Toledo a cambio de conservar para la posteridad su obra cumbre, la “Gran Historia”, constituyendo un alegato en defensa de la desaparecida legitimidad de los Omeyas.

Finalmente, Ibn Hayyan mantendrá desde el año 1068-9, una relación de mecenazgo con al-Mu’tamid Ibn ‘Abbad, rey de la Taifa se Sevilla. En Córdoba pasará sus últimos días donde fallecerá en el año 1076.

De las obras que conservamos, dos son los títulos principales referidos a la tradición historiográfica de al-Ándalus: el Matin y el Muqtabis.

El Muqtabis es una recopilación en la que Ibn Hayyan toma prestados pasajes de distintos autores que le precedieron, copiando las partes que le interesaban, rechazando otras y proponiendo ocasionalmente distintas versiones sobre un mismo acontecimiento. Esta obra se recopiló en 10 volúmenes,  de los que conservamos algunos fragmentos y tres tomos íntegros; el segundo (769-881), tercero (888-912) y el quinto (912-942) volumen, siendo este último el objeto de nuestro trabajo.

Como cronista cortesano, Ibn Hayyan maneja el registro de la historia oficial y codificada al servicio del poder, teniendo siempre como protagonistas a la familia Omeya, aportando un recuerdo de su legitimidad, lejos de dar una visión completa de la sociedad andalusí. Ibn Hayyan mostrará lo que debe a la saga de los Razi por ser los dos grandes cronistas del siglo X de los que bebe la obra de Ibn Hayyan.

En definitiva, Ibn Hayyan se consolidó como uno de los grandes cronistas e historiógrafos de al-Ándalus al dedicarse plenamente a la historiografía y construyendo la obra más coherente y sólida de su género.

En lo referente a la fecha de redacción del Muqtabis, existe un debate historiográfico en torno a este tema. Teniendo dos posturas claramente diferencias:

–          Por un lado, tenemos la tendencia antigua defendida por historiadores como Sanchez Albornoz, Moreno Nieto o R. Dozy,  estos señalan que el Muqtabis pudiera ser una obra redactada en la juventud y el Matín en la madurez, de ahí se explicaría la diferencia en el estilo de redacción, mucho más crítico y perfeccionado en esta última obra. Esta teoría es negada por García Gómez quien señala que el Muqtabis se trata únicamente de una recopilación de textos anteriores, donde su intervención personal es mínima por lo que los argumentos anteriores  no son sostenibles y lo fechará tempranamente (1008-1009).

–          La otra postura es la extraída de las últimas investigaciones, que apuntan a fechas más tardías. Chamleta pospone esta fecha al 1048-1049 y opina que el Muqtabis sería un complemento del Matin, siendo el Muqtabis un poco posterior alMatin. Autores como Makki o Yamal al-Din, también defienden la simultaneidad de las dos obras, pero esta vez proponen que el Muqtabises un poco anterior al Matin basándose en razonamientos y deducciones sin aportar datos concretos que apoyen sus teorías.

Contenidos de la obra

1 Los primeros años de an-Nasir en el poder

Ibn Hayyan comienza su escrito del al- Muqtabis V en los primeros años de la subida al poder de abd al-Rahman III, que durante toda la obra se dirige a él con el sobrenombre de an-Nasir (aquél que hace triunfar la religión de Dios). Comienza hablándonos acerca de sus mujeres, destacando a Maryan, esclava concubina y preferida del sultán, la cual es la madre de al-Hakam, el heredero y preferido por su Padre. Nos cuenta que esta es envidiada por Fátima, hija de al-Mundir, la única esposa de condición libre. Tras la muerte de Maryan, será Mustaq la preferida. Nos cuenta que Maryan, por modales, elegancia, trato y atributos físicos, empieza a ser la preferida del califa, por encima de Fátima la coreichita, que fue la favorita al principio del reinado. Finalmente, los actos celosos de Fátima hicieron que fue repudiada por el sultán, quien no volvió a  pasar más noches con ella.

En cuanto a los hijos nos señala que era tradición que a todos los príncipes se les procurase un alcázar, fincas e inmuebles para percibir rentas. Junto con un administrador que gestionase sus posesiones, gastos e ingresos, con lo que la riqueza de los príncipes no cesaba de crecer con subvenciones y gratificaciones. An-Nasir llevo esto a la exageración. Todos sus hijos varones tenían alcázar, almunia, amplias fincas rentables, inmuebles y el doble de subvenciones y gratificaciones. Administradores muy capaces con secretarios que controlaban a los administradores. Buenos educadores que aseguraban una buena cultura y excelente preparación. Nos informa que el califa tuvo 9 varones y 5 hijas.

Otra de las grandes cuestiones que se plantean a an-Nasir durante estos primeros años de su reinado es la aparición de la herejía encabezada por Muhammad Ibn Masarra, conocido como al-Jalabi (el de la sierra), uno de los primeros pensadores y filósofos de al-Ándalus, que pronto será acusado de Mu’tazilí tras escribir su obra “kitabab ajurub”(significado de las letras). Huirá de al-Ándalus durante unos años donde entrará en contacto con influencias sufíes. Según nos cuenta el Muqtabis, Masarra empezó a difundir por Córdoba la herejía, que an-Nasir debido a su conciencia malikí empezó a combatir, a estos que consideraba fuera de la Comunidad, condenando y persiguiendo a los seguidores de Masarra.En base a las fuentes de Ibn al-Faradi sabemos que según el cadí Abu l- Walid, ibn Masarra falleció el 17 de octubre del 931 a los 56 años.  Por lo que nos cuenta la fuente, Abdallah Masarra, padre de Muhammad Ibn Masarra, acompaño a su hermano Ibrahim que era comerciante a oriente con temprana edad, dedicándose a estudiar en Basora con un asceta conocido como el siervo de Jalil. Al regresar a al-Andalus se le acusaba de qadarí. Dejó todos sus libros a su hijo Muhammad y fue a La Meca donde residió alcanzando gran prestigio hasta que falleció.

En la mayoría de la obra no paran de sucederse los elogios y bondades de an-Nasir, que se denotan en sucesos como el del loco que se abalanzó sobre an-Nasir y que los guardias dieron muerte pensando que era un jariyí, an-Nasir se enojó con su guardia y asegura el texto que indemnizó y favoreció a la familia del loco mientras él estuvo vivo. Sin embargo, podemos encontrar un capítulo en el que Ibn Hayyan nos transmite los vicios del califa, descritos por el alfaquí Abu Muhammad Ali ibn Sa’id ibn ahmad ibn Hazm, quien contradice las bondades del califa transmitidas por la gente y los historiadores, dando solo mención a feos defectos, comparándole a su tatarabuelo al-Hakam ibn Hisam, como un tirano pecador y realizador de abusos a los súbditos, cruel y sanguinario. También asegura que fue brutal y cruel con las mujeres bajo su protección. Quemó la cara a una de sus esclavas por torcerle el gesto. A su verdugo Abu Imran, mandó cortar el cuello a otra muchacha. Por último asegura que hizo traer leones para aterrorizar y castigar a la gente, emulando a los reyes tiránicos de Oriente. Hizo una casa detrás de su palacio en Córdoba para los leones donde los usaba para aterrorizar a los criminales. No se tiene constancia de que los utilizara y los mayo al final de su vida.

Otro de los aspectos mencionados en la obra es el gusto del califa por los poetas, le encantaba recibir elogios a su persona y gestión. Se rodeó de poetas como Ibn Abd Rabbihi o Hassan as-sinat, otros como al-Muhannad al-Bagdadi o at-Tubni al-Ifriqi vinieron de oriente, estos poetas dedicaron sus obras a aumentar el esplendor del califato.

Existen otros poemas dedicados al califa que describen sus proezas en batalla contra los cristianos en pleno ramadán. Destaca Ubayd Allah ibn Yahyà ibn idris. Tambien el secretario de al-Hakam y ocupador de una alta posición entonces Abu Hasan Ya’far ibn Utman conocido como al- Mushafi, quien compuso casidas (forma poética extensa, propia de la Arabia preislámica). También podemos encontrar poemas dedicados a los preparativos de guerra santa en la campaña llamada Osma.

A partir de aquí dedica numerosos capítulos a las primeras campañas de an-Nasir, las cuales durante los primeros años de su reinado estuvieron dirigidas contra los territorios en rebeldía de al-Ándalus. Durante estos capítulos, siempre se destaca a un personaje, Umar Ibn Hafsun, quien siempre aparece como el líder rebelde por excelencia, y al que el autor siempre menciona en un tono despectivo.

Umar Ibn Hafsun aparece como líder de la rebelión de muladíes y bereberes que se produce en el 879, en la zona montañosa sur de al-Ándalus, contra el reinado en Córdoba del emir Muhammad I ante la discriminación racial y las cargas tributarias que soportaban estos segmentos sociales. Es por tanto que el escenario principal serán las serranías de Ronda y Málaga con un sistema de lucha muy similar a la guerra de guerrillas.

El padre de Umar, Hafs, era un rico propietario y muladí de islamización reciente, descendiente por vía paterna de un conde visigodo llamado Alfonso. Tras matar a un vecino, Umar huyó a la montaña denominada como garganta del Guadalhorce, donde encontró un viejo castillo que posteriormente restauró y amplió, y que será conocido como el castillo de Bobastro, una de las fortalezas más inexpugnables de todo al- Ándalus. Finalmente huye a África para evitar problemas. Sobre el 880, una vez iniciada la revuelta, decide volver a la Península donde realiza distintas incursiones que le hicieron ganar fama y aumentar sus filas. Finalmente el emir Muhammad I envía un ejército para someterle, para no derramar sangre Umar se somete y es enviado a la capital donde se le ofrece un buen recibimiento y trato, salvo por un prefecto de la ciudad que motiva su huida hacia Bobastro, entrando nuevamente en rebeldía.

Su sueño era dominar un territorio independiente, por ello refuerza aún más Bobastro y en torno a ella, crea un cinturón de castillos para aumentar su seguridad, llegando a poseer treinta castillos solamente en el distrito de Reyyo. Fueron innumerables veces las que Umar supo escapar de las autoridades y plantarles cara, es por ello que fue tratado con desprecio por los cronistas musulmanes oficiales. Su muerte en el 917, fue un golpe duro para los mozárabes y una gran noticia para los árabes.

La primera acción militar que realiza an-Nasir, la ejerce contra los bereberes de Caracuel y la sierra de Almadén contra Fath ben Musa y sus aliados, como Muhammad ibn Ardabulish, quien fue la primera cabeza rebelde empicotada en Córdoba aquél año. Esta victoria fue vista como un símbolo del favor divino. Después se enviaron ejércitos contra las coras rebeldes, se pretendió acabar con la situación anárquica de al-Ándalus que vivía desde finales del siglo IX. Marcharon sobre Écija, y se rindieron, por lo que el chambelán Badr  les concedió el aman, consumándose la obediencia al califa. La conquista de Écija se produjo el 1 de enero de 913, según otros autos el 14 de diciembre de 912 o el 12 de enero de 913. Tras esta victoria, la muralla fue derruida para evitar tentativas de rebeliones.

Tras esto, se produjo la primera campaña, conocida como la campaña de Monteleón, en la que an-Nasir acampó cerca de la fortaleza de Monteleón, la cual atacó y conquistó el 27 de abril, tras la rendición de Sa’id ibn Hudayl. Tras esto, el ejército fue a la fortaleza de Somotín donde tras lo sucedido en Monteleón, el miedo hizo que se rindiesen sin oponer resistencia, cediendo todas sus fortalezas y baluartes. Tras esto, an-Nasir se dirigió a conquistar las fortalezas de los Banu Habil, familia muladí hispanomusulmana que dominaba la Marca Media y tenía bastante independencia frente al emirato de Córdoba. Doblegó la cora de Jaén y persiguió a Umar ibn Hafsun, conquistando parte de sus dominios. El hijo de Umar, Ya’far, huyó para reunirse con su padre en la capital, Bobastro. An-Nasir regresó de la expedición el 18 de julio del 913.

Una vez asegurado este territorio, el califa se adentró a la cora de Elvira, donde inmediatamente las fortalezas de Baza, Tijola, Murbit, al-Barayila y los Cenetes se rindieron, acogiéndose a obediencia y evacuando sus fortalezas. Luego se dirigió a las fortalezas de la zona de Guadix, las cuales fueron evacuadas por sus señores, acampó frente a la fortaleza de Fiñana el 14 de mayo del 913, en ella estaban algunos rebeldes de la banda de Umar ibn Hafsun que convencieron a los habitantes de no rendirse confiando en lo inexpugnable que era la fortaleza, pero el ejército rodeó la fortaleza y quemó el arrabal, ante lo cual se sometieron y rogaron el arrepentimiento, a cambio, el califa solicitó la entregar de la banda del rebelde Umar, proposición que fue aceptada.

An-Nasir se lanzó a Sierra Nevada donde conquistó las fortalezas y asoló la comarca de las Alpujarras. Allí supo que el rebelde Umar se había acercado a la capital de Elvira con todo su ejército con la esperanza de engañar a la población, pero la población salió al apoyo del caid y consiguieron derrotar al rebelde y hacer preso al nieto del rebelde y herir de gravedad a un hijo.

An-Nasir acabó con las fortalezas que quedaban por la zona y acampó enfrente de la de Juviles, una de las más inexpugnables, donde se refugiaban todos los huidos de las fortalezas ya sometidas. El 25 de mayo acamparon y destruyeron cosechas, talaron árboles y arruinaron los recursos, el sitio duró días, hasta que se sometieron y les fue aceptado el arrepentimiento con la condición de desentenderse de los hombres de Ibn Hafsun. An-Nasir decapitó a unos cuantos hombres de Ibn Hafsun. Entonces viajó a la ciudad de Salobreña donde dispuso a sus hombres de confianza para cuidar de sus intereses. Posteriormente regresó por Esteban y la fortaleza de Peña Forata donde el ejército lucho durante 20 días sin conseguir tomarlas por lo que an-Nasir dispuso contrabaluartes. De este modo regresó a la capital llegando el 18 de julio del 913 tras una campaña de 92 días.

En ese mismo año, se produce la conquista de Sevilla, cuyo dominio se disputaban; Ahmad ibn Maslama, elegido por el pueblo como gobernador y su primo Muhammad ibn Ibrahim, señor de Carmona, tras la muerte de Abd al-Rahman Ibn Ibrahim. Ambos acudieron al emir, pero Muhammad pretendía la ayuda del califa para hacerse con su posesión, mientras que Ahmad desea el control ofreciendo vasallaje y el pago de una suma convenida.

An-Nasir decide hacerse con la ciudad, pero tras un intento fallido, acepta la ayuda del señor de Carmona, quien acude con sus tropas. Se cerca la ciudad desde varios puntos por refuerzos provenientes de las coras de Niebla y Sidonia. Ante esta situación, Ahmad recurre a la ayuda de Umar Ibn Hafsun, quien llega y pretende tomar la fortaleza de Cabra, siendo derrotado. Ahmad pretende pactar pero no lo consigue, finalmente el canciller Badr usa un ardid y consigue entrar en la ciudad, donde proclama en nombre de an-Nasir el amán para toda la población. Tras esto se nombró a Sa’id ibn al-Mundir como gobernador, decide destruir las murallas para evitar futuras tentativas de rebelión. Descontento con esta situación, Muhammad se alza en rebeldía en su fortaleza de Carmona, y ataca Sevilla, siendo derrotado y huyendo a su fortaleza donde al poco tiempo rinde la plaza, que deja en manos de su hombre de confianza, Ibn Amrus. Muhammad viaja a Córdoba donde es agasajado, pero prontamente vuelve a entrar en rebeldía, siendo encarcelado donde morirá en el 915. Más tarde, en el 917, Badr conquistará Carmona, siendo Ibn Amrus también encarcelado y ejecutado en el 919.

Tras estos sucesos, cuenta en sus crónicas ar-Razi que el 5 de mayo del 914, tras la llegada de las milicias leales de las coras inmediatas, an-Nasir salió de Córdoba junto con tropas yundíes, dejando la capital a cargo del visir Musa Ibn Hudayr y de su pequeño hijo Hisam, quien moriría prematuramente. Como caid de esta esta aceifa, iba el chambelán Badr quien se dirigió contra el territorio de Umar Ibn Hafsun, atacando la fortaleza de Belda, sitió y arraso Turrus, Santopinar, Olias y Reina. An-Nasir llegó a Málaga que se mantenía en la obediencia donde cuidó el gobierno, y desde allí, envió a la caballería contra otras fortalezas rebeldes donde arrasó las cosechas. En Montemayo se hallaban muchos pertrechos y almacenes que arrasaron, después derrotaron al ejército rebelde que slió de Turrus y marcharon a Lura (Algeciras) donde se llevaron todo el botín. An-Nasir entró en Algeciras el 1 de junio de 914, donde atendió el gobierno y la defensa costera. Hafsun tenía naves ahí con las que comerciaba en el norte de África, por lo que las hizo capturar y quemar. A continuación se sometieron Sas, Gaucin y Castellar. An-Nasir se propuso dominar el mar y las dos orillas por lo que creará una potente armada que le permitirá en un futuro plantar cara a los fatimíes. En Algeciras dispuso naves, armas y pertrechos para patrullar la costa desde Algeciras a Tudmir, cortando el suministro de Ibn Hafsun. Con lo que se hizo dueño del mar donde solo circulaban leales.

En el 915, Aban, tío del emir, realiza una aceifa contra Umar ibn Hafsun, que pretendía arruinar los cultivos y acabó destruyendo y conquistando Yarisa. Junto a esto este mismo año Ibn Hayyan nos refleja que hubo una sequía que se alargó y generalizó en el país produciendo que los precios subieran y que escasease el trigo. Durante un año se produjo una tremenda hambruna y miseria que aumentó la mortandad y por culpa de la peste, no se pudo enterrar a todos ante la cantidad de pobres muertos. An-Nasir dio muchas limosnas, siendo el chambelán Badr el más solidario y caritativo, ante las dificultades, an-Nasir no organizó ninguna aceifa y se dedicó a guarnecer las fronteras y fortificar el país.

An-nasir envió en el 916 a un caid contra los disidentes de las coras de Tudmir y Valencia, el cual conquistó Orihuela, la plaza más fuerte y fortificada. Humilló a los enemigos y recaudó mucho tributo.

Cada vez Umar Ibn Hafsun estaba más aislado, para colmo se encontraba enfermo, finalmente se hace referencia a una noticia paz con el rebelde Umar ibn Hafsun, en el amán entraron 162 fortalezas que guardaban relación con Ibn Hafsun.

Ante esto, entre los hijos de Umar empezó a gestarse una tensión por la sucesión, siendo Ya’far el elegido, Sulayman, contrario a esta decisión se subleva contra su padre en la cora de Riyya, apoderándose por sorpresa en el 917 de Úbeda, leal al emir, lo que es interpretado por la corte como una traición del pacto que hace sospechar al emir de Umar, pero este lucha junto a las tropas de an-Nasir contra su hijo, por lo que cesa la sospechas. Consigue convencerle de la rendición y le lleva a Bobastro, donde lo libera y lo envía a la fortaleza de Esteban para alejarlo de Ya’far. Sulayman vuelve a tomar Úbeda, y al poco tiempo fallece Umar (febrero 918) lo que es calificado por Ibn Hayyan como señal de buen augurio y beneplácito divino.

Tras esto, Ya’far fue confirmado como heredero por él emir tras jurarle lealtad y rectitud, y manifestó públicamente profesar la religión cristiana. Tras la muerte del padre, Sulayman pierde toda esperanza de sucederle y afirma su enemistad contra su hermano Ya’far. Es aquí cuando el emir manda a Muhammad ibn Qaim a apoyar a Ibn Tumlus contra Sulayman. Este cayó en una emboscada, perdiendo a gran parte de sus hombres, por lo que se ve obligado a solicitar el amán al emir, quien lo aceptó y agasajó en Córdoba a su llegada el 31 de marzo del 918. Tras intervenir en varias campañas donde mostró su valía, al lado de an-Nasir, su codicia le hizo volver a traicionar al emir y huyó a Bobastro tras la muerte de su hermano Ya’far en octubre del 920, ocupa su puesto.

Previamente, an-Nasir lanzó contra Ya’far la campaña conocida como Belda contra la cora de Riyya de la que regresó a comienzos de junio del 919 habiendo partido el 22 de mayo. An-Nasir salió de palacio con un ejército grande y buen equipo. An-Nasir cercó Belda por todos sus lados, mientras se dedicó a destruir las mieses, envió a Badr contra la fortaleza de Dos Amanes, cuyos habitantes salieron a defenderse en el arrabal planteando batalla a la caballería de mercenarios, quienes vencieron y comenzaron a quemar el arrabal y las iglesias que allí tenían. Les hicieron dispersar de las dos alcazabas donde se instalaron el caid Musawir con un grupo de mercenarios (29 de mayo 919).

A continuación an-Nasir acampó el 29 de junio 919 con el grueso de sus fuerzas junto a Belda, ordenando a Badr que la sitiera y combatiera. Rápidamente los musulmanes pidieron el aman y se unieron al bando del emir mientras los infieles se negaron y combatieron a los hombres del emir, estando entre ellos los principales hombres e importantes caídes de Ya’far. Finalmente los mercenarios derrotaron a estos y entraron a la fortaleza, capturando a algunos jefes y principales a los que an-Nasir ordenó decapitar. Reuniéndose una 170 cabezas. Estas pérdidas hicieron sentir debilidad a Yafar, que se sintió aún más acosado con la presencia y ocupación de los hombres del califa en Belda, los cuales hostigaron el territorio de Umar.

A primeros de año avanzó an-Nasir con el ejército hacia las fortalezas de Santa Eulalia y Santa María, en la cora de Riyya, ordenando a Badr que atacase a los defensores, pronto los enemigos que se dispersaron permitiendo a las tropas apoderarse de ambas fortalezas y las riquezas que allí se albergaban (4 junio 919). Luego marchó el ejército a la fortaleza de Alora, que dominaba el castillo de Bobastro, aquí Ya’far intentaría guarnecer a sus mejores hombres pero no debían quedarle puesto que an-Nasir la encontró abandonada. Una vez aquí, el ejército avanzó hacia Bobastro, y acampó en sus cercanías, mientras Badr avanzaba hacia Talyayra, los mercenarios consiguieron rápido hacerse con la muralla y tras dos días de combate los ocupantes la abandonaron y se dispersaron intentando huir hacia la alcazaba de Bobastro donde se refugiaron con muchas bajas abandonando pertrechos, recursos y vituallas que el emir escogió para el ejército mientras el resto era saqueado por sus hombres. Badr saco a la infantería y caballería a asolar los alrededores de Bobastro, mientras los paladines salieron al combate hasta que rehuyeron a los mercenarios que arrasaron con todos los recursos humillando al enemigo. Luego se fue a Alora a guarnecerla y reforzarla, de ahí se fue a Casarabonela que fue destruida. Finalmente, Ya’far pidió y rogo disculpas al emir, solicitando la paz ofreciendo sumisión y la entrega de rehenes. An-Nasir aceptó y le ofreció el amán, regreso victorioso a palacio el 25 de junio de 919.

Otro de los grandes focos de atención del califa fueron los cristianos, las primeras noticias las tenemos sobre la conquista de Évora, según ar-Razi, Ordoño salió con 30.000 hombres y se dirigió a Évora y acampó junto a ella el 19 de agosto del 913. Observaron puntos débiles en la muralla como un cúmulo de basura que igualaba la altura de la muralla. Cerco la muralla y emprendió un duro asedio. Los musulmanes consiguieron repelerles. Pero al final, la superioridad numérica hizo que los cristianos ganaran donde mataron al gobernador e hicieron cautivos a niños y mujeres. Solo 10 hombres con sus familias lograron escapar y llegar a Beja.  7000 hombres fueron muertos y 4000 niños y mujeres hechos cautivos. Ordoño abandonó la ciudad y dejó montones de cadáveres regresando victorioso a Yilliqiyya. Este suceso tuvo que conmocionar a la población musulmana pues según cuenta el Muqtabis, las gentes del occidente de la península, tras lo sucedido en Évora, empezaron a reparar sus murallas y a proteger sus puntos débiles, siendo Badajoz la mejor defendida. El gobernador de Badajoz temió que tras el abandono de Évora, los bereberes de las inmediaciones la ocuparan por lo que destruyó el resto de las murallas, quedando desierta hasta que se reconstruyó en el 915 de manos del propio gobernador de Badajoz tras mandar repoblarla.

Ar-Razi nos cuenta que Ordoño volvió en el 915 contra tierras musulmanas, tomando la fortaleza de Alanje, con el apoyo unánime de los condes. Salió de León con 60.000 hombres. En ese momento las tierras musulmanas se hallaban en sedición que había disgregado la comunidad, marchó hacia Merida y pretendió sorprender a la población, pero los guías musulmanes le traicionaron haciendo notar su presencia para poner en guardia a los musulmanes. Rodeó Mérida pero su gobernador regaló un pura sangre a cambio de que retirara las tropas, aceptó y volvió victorioso a León.

En respuesta a estas incursiones cristianas, an-Nasir envió al visir Ibn Abi ‘Abda en una aceifa contra los cristianos, partiendo el 7 de agosto 917 hacia la Marca con regulares y voluntarios donde se le unieron más hasta alcanzar un gran número, invadió Castilla. El 4 de Septiembre se produjo una batalla tras sitiar Castro Muros donde se congregaron los paladines de Castilla que salieron a luchar contra los musulmanes, los cuales salieron victoriosos, pero en ese momento se movilizó la cristiandad de todas partes con caballeros e infantes que superaron en número a los musulmanes haciendo huir a muchos y otros como el caid se quedaron empeñados en el martirio. Los musulmanes regresaron con enormes pérdidas. Tras esta trágica pérdida, an Nasir envió una nueva aceifa encabezada por Badr Ibn Ahmad contra territorio enemigo, que partió el 8 de julio del 918. Al llegar a la marca se unieron contingentes con ganas de vengar a los hermanos caídos. Entraron en el país asolándolo y destruyendo cosechas edificios y recursos. Los cristianos tras su triunfo se atrevieron a presentar batalla pero fueron derrotados. En esta victoria se obtuvo un amplio botín y muchos cautivos. Badr regresó contento ante la victoria y habiendo logrado vengarse, consolidando la frontera.

Otra de las grandes campañas durante estos primero años fue la de la campaña de Muez (921) que a pesar de los problemas que se producían en el interior, an-Nasir decidió marchar contra territorio cristiano en persona. Tras la demora por los largos preparativos, el 4 de junio parte y se asienta en Guadalajara el 15 de junio, de ahí penetra en territorio cristiano, asolando el país, destruyendo las fortalezas de Osma y Castro Muros y gran cantidad de conventos e iglesias.

Ordoño y Sancho de Pamplona auxiliados por los vecinos cristianos, salieron al encuentro del ejército musulmán. Pronto los musulmanes derrotaron a los cristianos el 25 de julio del 920. Refugiándose en la fortaleza de Muez los que se salvaron. Muez fue sitiada hasta que murieron de sed, fue tomada por asalto el 29 de julio del 920. Rindiéndose los infieles, siendo pasados por el cuchillo los combatientes, siendo muertos más de 500 entre condes y principales caballeros. An-Nasir regresó por el distrito de Álava, entrando a Córdoba victorioso 3 meses después de su marcha.

Aparte de estas noticias bélicas, durante estos primeros años se recogen noticias como el nacimiento de al-Hakam, según ar-Razi el 20 de enero del 915; según Ibn Mas’ud el 13 de enero 915. También muertes como la de García, hijo del rey Alfonso de Yilliqiyya, en el 914. Así como el acoso cristiano sobre las Marcas y los problemas internos de las dinastías de las Marcas. Por últimos nos informa del incendio del zoco de Córdoba

2 Conquistas, alianzas y un nuevo califa

Las tierras gobernadas por an-Nasir padecían comportamientos claramente levantiscos, el poder hegemónico siempre estaba cuestionado por las armas tal y como cuenta el cronista Ibn Hayyan de Córdoba.

Los asesinatos eran frecuentes como se cita sobre el castillo de Bobastro donde acaba depuesto el señor rebelde a manos cristianas para dejar paso a Sulayman b. ‘Umar que acabaría violando los mismos pactos con Abd ar-Rahman III. Todos los pequeños entresijos del poder señorial de las regiones y sus rebeliones están ampliamente documentados con gran detalle así como justificados con expresiones que ensalzan la figura del heredero Omeya y atacan claramente al que se atreve a desafiarle tanto por la fe como con las armas.

Las contiendas contra las rebeliones son continuas, llevando a Abd ar-Rahman III a tener continuamente presente la batalla y los pactos para mantener la paz. La campaña de Turrus (921-922), en la cora Riyya, es otro de los grandes ejemplos de estas acciones. En Turrus se hacen fuertes en la plaza los cristianos, haciendo frente a las catapultas y el cerco musulmán que los ataca sin cuartel hasta que ruegan la rendición y el amán. La iglesia se convertirá en una mezquita. La versión de ar-Razi apunta que la fortaleza fue destrozada y convertida en suelo raso. La misma suerte de conquista corrieron en la cora de Priego.

La vida de la administración también queda reflejada con el nombramiento de puestos en el estado, dejando un pormenorizado reconocimiento histórico donde incluso se reflejan poemas dedicados al emir y sus preocupaciones comerciales.

Las contiendas militares continúan en Monterrubio (922-923) poblado por cristianos nativos dimmíes,acusados de rebelión y de propagar “maldad por la tierra”, la justificación de las conquistas del emir siempre estarán respaldadas por la crónica de forma parcial. Tras más de 35 días de sitio cae la plaza rogando clemencia y pactos, siendo destruida la fortaleza. De la misma estrategia militar del sitio caerán también rebeliones por toda la península en los años veinte del siglo X, pasando el emir por Morón, Sidonia, Riyya, Takurunna, Osuna, Sevilla y Carmona, haciendo valer su poder, acabando con sus adversarios e incluso llevándose nobles a Córdoba.

La campaña de Jete (923-924) vuelve a relanzar la guerra santa de acabar con rebeldes e infieles, el emir guerrero vuelve a salir con sus ejércitos a rendir al rebelde Sulayman b. Umar b. Hafsun que a pesar de las peticiones de evitar el daño, fue combatido por el emir. Sitiando durante la ciudad en siete días se decide arrasar las fortalezas cercanas y destruir todos los recursos colindantes, el propio hermano del rebelde se rinde al poder Omeya. La contienda sigue haciéndose contra la fortaleza de Jete, el puerto de Almuñécar y la fortaleza de Moscaril. El asedio de Bobastro continuaba mientras el emir vuelve a Córdoba.

La guerra de Abd ar-Rahman III no se detiene pero sufre una gran derrota en la batalla de Viguera en el extremo de la Marca Superior, contra los vascones de Pamplona acaudillados por Sancho a quién las crónicas maldicen y le llamanbárbaro. Sin embargo, desde Tudela se batalla al ejército rival y se consigue otra victoria que devuelve la confianza a las tropas musulmanas.

Los ataques a Pamplona se suceden desde el 924 al 925 y es llamado país de los enemigos de Dios. La campaña de Pamplona comienza con las refriegas bélicas en las coras de Tudmir y Valencia, llegando a destruir bastiones rebeldes desde Málaga, Lorca o al-‘Askar para subir después a Zaragoza, pasando por la fortaleza de Calahorra, donde tras su rendición y huida, se saquean provisiones, se hacen cautivos a niños y se asesinan a los que se resistieron en cuevas cercanas. La guerra de las fronteras estaba en auge, destruyendo Abd ar-Rahman III muchos enclaves peligrosos para el islam, incluida la ciudad natal de Sancho, que intentó defenderla y perdió la batalla. Los saqueos y crímenes se suceden, encontrando la ciudad de Pamplona desierta, destruyendo iglesias y batallando a los hombres de Sancho en las cercanías.

Desde el norte, lleno de provisiones, victorias y respaldo de su autoridad, el Omeya vuelve satisfecho a la capital pasando antes por el país rebelde de Santaver que de nuevo es sometido a la autoridad de Córdoba y por Castilla infringiendo grandes daños a su conde batallador Fernán González.

La campaña de Esteban (925-926) vuelven a poner la yihad menor en marcha contra la cora rebelde de Elvira, dirigiéndose por segunda vez a la localidad y Jaén para acabar con sus oponentes. El cerco a la fortaleza de Esteban se prolonga durante más de una veintena de días, y echando de menos a su heredero al-Hakam, lo hace traer de la capital cuando este tenía diez años, llevando a su hijo a las campañas a partir de entonces en varias ocasiones. La familia del emir acabaría volviendo a Córdoba dejando a caídes al mando de la misión de rendir la fortaleza que caería después de más de 50 días de asedio. Una maniobra habitual donde los subordinados remataban el inicio del sitio que el emir ordenaba.

La crónica de la vida de Abd ar-Rahman III también nos cuenta los castigos a cristianos rebeldes como el de Abu Nasr, crucificado y asaetado, “quedando en el madero como un erizo durante varios días”. La demostración de la fuerza de la autoridad para hacerse respetar era algo habitual en el emirato Omeya de al-Andalus. Prueba de ello es que después de unos pocos días del regreso del emir comienza la campaña de Zorita (926-927) castigando de nuevo las rebeliones, tomando la ciudad de Zorita. Mientras tanto el cerco a Bobastro continuaba y se intensificaba. El gobernador del reducto en abierta rebelión acabó muriendo por un flanco desprotegido a merced de la caballería musulmana; herido de espada, en la batalla le cortaron la mano y la cabeza, dejando luego el cuerpo completamente desmembrado, siendo ordenada su recomposición para crucificarlo después de muerto y exponerlo en el alcázar de Córdoba por un secreto de herejía. La sequía que padecía la ciudad capital fue saciada el mismo día en que Sulayman b. ‘Umar b. Hafsun fue izado para muestra de todos, algo que se tomó como un símbolo de victoria y de favor de Dios con la causa Omeya, lloviendo como nunca antes en la ciudad para alegría de sus habitantes.

Los poetas incluso recogerían este día como un gran acontecimiento: De las nubes fluye la lluvia pertinaz y con ella a borbotones la sangre enemiga: dos socorros son constantes de humedad, el uno inmundo, el otro puro, líquido uno que ni el suelo acoge, nutricio el otro, que corre y cala; aquél manchó al mundo, que purifica entraña y lomo de su inmundicia.

Se registran crónicas de esta enorme sequía que como resultado tuvo un aumento de los precios y una penuria que asoló la ciudad y sus territorios contiguos.

La muerte del llamado “tirano” Sancho también es una buena noticia para el mundo musulmán de la península, el rey de los vascones cae desde una sima que desconocía a caballo, sacándolo de las profundidades de su altura sus hombres cuando ya estaba muerto.

En la campaña de Bobastro (927-928) sale an-Nasir personalmente junto a su heredero con una victoria que respaldará aún más su poderío en su posición privilegiada, asegurando el territorio borrando las huellas infieles y conquistando localidades vecinas como Olías o Santopitar en cuatro meses de campaña.

A posteriori, saltándose la cronología de la campaña, la crónica sobre la toma de Bobastro muestra el secreto que tanto enfureció a Abd ar-Rahman III. Según las crónicas recogidas por Ibn Hayyan, el mismísimo Dios revela el secreto del hereje ‘Umar b. Hafsun, que aparentando ser musulmán se creía que a escondidas seguía siendo cristiano, de tal modo que tras su muerte en batalla se busca su cadáver por las autoridades de Abd ar-Rahman III y se desentierra el cuerpo inerte, descubriéndose que en vez de mirar hacia la Meca, el muerto está enterrado a la usanza cristiana sobre la espalda, lo que hizo que la furia musulmana (no solo por la traición política de la rebeldía sino por la religiosa) hiciera recomponer su cuerpo y crucificarlo como el propio cronista nos narra páginas atrás.

La poesía circula sin descanso por el palacio del emir en honor a la conquista de tal inexpugnable fortaleza que según la crónica había refugiado el politeísmo, la infidelidad, la mentira y la gloria de la cristiandad, extendiendo el mal, motivo más que suficiente para ser tomada por las fuerzas musulmanas.

La gran victoria no detuvo el militarismo Omeya y se conquistaron varias poblaciones en al-Andalus oriental, cayó Callosa, Alicante, Tudmir o Alcira del Júcar, extendiéndose la obediencia en Levante.

También se toma Mérida, mediante capitulación, con acuerdos de pactos ampliamente detallados que narran los acontecimientos de este tipo de poblaciones vencidas y reorganizadas por el poder de Córdoba.

En el 929, an-Nasir, heredero de una gloria pasada y un presente prometedor plagado de victorias y conquistas, adopta el título califal, remarcando dicha posición al declararse el Príncipe de los Creyentes, exigiendo a sus súbditos el trato conveniente a dichos títulos.

No obstante los proyectos económicos no se quedan rezagados en el nuevo panorama califal, implantándose la ceca en Córdoba, para acumular numerario, en dinares y dirhemes. Comenzando así la acuñación de oro y plata puros evitando falsificaciones y como un claro ejemplo de demostración de poder, riqueza y propaganda. Posteriormente se traslada la ceca de Córdoba a la ciudad de az-Zahra (Medina Azahara), su nueva fundación, al irse a vivir allí años después.

La expedición a las coras de occidente (929-930) forma parte del continuo apaciguamiento de rebeliones que se suceden, en un intento de reforzar la autoridad califal. Se toman localidades importantes como Beja o Badajoz con cruentos combates y relaciones diplomáticas que suelen fracasar en esta etapa militar a tenor de los acontecimientos bélicos. Tras la conquista de Badajoz setenta caballeros son apresados, conducidos ante el palacio califal y decapitados a la orilla del río según la crónica, para mayor humillación de las causas rebeldes. Además caerían en poder de los Omeya las fortalezas de Sagunto y Játiva.

Abd ar-Rahman III, después de sus increíbles hazañas relatadas en las crónicas claramente islámicas, tendrá que hacer frente de nuevo a un periodo de miseria y hambruna debido a la sequía y escasez de alimentos. Un espacio que aprovecha para reorganizar la administración policial dividiéndola en tres partes, añadiendo la facción intermedia junto a la superior e inferior, una decisión que perduraría en el tiempo y mejoraría las funciones estatales. Por otra parte también ejercita sus habilidades diplomáticas para atraerse a su partido a los principales jefes bereberes de la costa africana, quitándoselos a su adversario chiíta ‘Ubaydallah, rebelde de Ifriquiyya que desafiaba su poderío como califa fatimí a la vez que hacía lo propio con el califato abasí, compitiendo los tres califatos por la hegemonía del islam.

La relación con los jefes bereberes fue de excelentes resultados según cuenta Ibn Hayyan, donde se resalta la habilidad de las relaciones internacionales del califato Omeya además del intercambio de múltiples regalos entre estos caudillos militares donde eran frecuente las palabras amables, las promesas de alianza y los suculentos regalos donde los caballos y camellos siempre tenían un papel protagonista. El califa de Córdoba respondía generoso a aquellos que se atrevían a jurarle lealtad a su causa con vestimentas de lujo, joyas y apoyos diplomáticos.

Posteriormente la crónica cuenta el propósito del califa de tomar Toledo, la ciudad levantisca que tenía una justa fama de rebelde, contándose la historia desde su fundación de forma pormenorizada, pasando por la invasión romana, la goda y posteriormente la árabe. Tariq b. Ziyad fue el primer árabe que tomó la ciudad en los tiempos iniciales favorable a la conquista, a pesar de que las rebeliones en la ciudad eran continuas y se revolvía contra sus nuevos señores islámicos. Los normalizados avisos previos a la conquista con pactos de promesa no se hicieron esperar con el califa Omeya, pero las triquiñuelas para no pagar impuestos ni someterse a la autoridad califal continuaban para enojo de Abd ar-Rahman III, que finalmente decidió tomar las armas de nuevo, cercando la ciudad y cortando todo tipo de suministros.

Sus enemigos sabiendo de la refriega de Toledo, planeaban atacar la Marca Superior (931-932), aprovechando el califa para salir al encuentro de sus adversarios, que finalmente no presentaron batalla por temor, socorriendo posteriormente el ejército Omeya al cerco toledano, reforzándolo. Por otra parte se toma Ceuta, puerto de paso a la costa africana ejerciendo contacto con las poblaciones bereberes.

Los toledanos pidieron socorro a sus aliados cercanos, que al acudir también fueron derrotados, puestos a merced del hambre que imperaba en el sitio de la ciudad. Az-Zubayr b. as-Salim, jefe del ejército del califa, ofreció salvoconductos a los hambrientos asediados, cuyos mandos no pudieron contener la fuga en masa de la ciudad, quedando los últimos guerreros a disposición de los pactos, disponiendo el califa en persona la rendición.

Por otra parte hay intentos de incursiones a la zona franca que quedan relegadas a un segundo plano por los temporales que hacen mella en las armadas que van rumbo al norte, teniendo que refugiarse de nuevo, tras el anterior fracaso de la intentona de tomar por las armas la isla rebelde de Rasgun.

Mientras tanto en el plano diplomático se hacen muchas referencias a las alianzas que se planeaban en diferentes territorios haciendo hincapié en los contactos norafricanos a los que el califa adula, mencionando su autoridad y derecho sobre oriente sin temor a hablar de una futura reconquista sobre los títulos que arrebataron los abasíes a los Omeya.

La rebelión será una constante y los condes de Ramiro también se sumarán a la revuelta para preocupación islámica, mientras tanto Abd ar-Rahman III se va a encargar de poner énfasis en el mundo militar de la yihad, profesionalizando más el ejército y la marina, además de otras reformas administrativas junto a persecuciones de la heterodoxia religiosa, una definición más clara de fronteras o una profundización de relaciones internacionales.

Abd ar-Rahman III será el primer califa Omeya y uno de los precursores del apogeo espléndido de al-Andalus impuesto a sangre y fuego.

3 Diplomacia y confrontación en la península Ibérica y en el norte de África

Esta última etapa de Abd al-Rahman III, está marcada por los problemas más comunes en el desarrollo histórico de al-Andalus y en los que Ibn Hayyan de Córdoba profundizará en la última parte descrita en sus crónicas sobre la vida del califa.

Conviene centrarnos en las cuestiones que hacen referencia a lo relativo del problema en las áreas fronterizas y en las Marcas tanto Inferiores como Superiores debido a cuestiones de traiciones, deslealtades, insubordinaciones, rebeliones etc. Eran zonas de inestabilidad constante y un juego entre alianzas por todas las partes implicadas que someterá estas regiones a continuas campañas, asedios y guerras que Ibn Hayyan nos describe, algunas de las más importantes y singulares son: la campaña de Osma en el 933-934 contra el disidente interno Hasim at-Tuyibi señor de Zaragoza, esta aceifa (incursión) contará con varias poesías de la época tanto de Ubay Dallah Bind como de Ahmad Muhammad Abd Rabbuhi. Esta campaña estaba dirigida en un principio contra los Reinos Cristianos pero debido a la insumisión de Zaragoza cambia el objetivo en el último momento.

La segunda campaña contra Zaragoza significará un duro asedio contra la ciudad, ar-Razi escribe sobre la campaña que el califa levantó numerosas fortificaciones teniendo en cuenta el cerco que se quería utilizar para derrotar a Hasim at-Tuyibi, este cerco significó un gran desasosiego y sufrimiento para la población. Zaragoza se aliará con los cristianos por lo que el texto reflejará el enfrentamiento contra musulmanes contra no musulmanes para poder justificar más fácilmente el ataque.

En el 937 una nueva expedición de an Nasir a Zaragoza para intentar dar el golpe final contra la insumisión de la Marca. Esta parte hace referencia a Zaragoza como ciudad de la hipocresía y la desgracia. Normalmente se aprovechaban este tipo de campañas para fortalecer la posición musulmana en las Marcas y controlar las diferentes complicaciones y situaciones que iban surgiendo. Este control se conseguía a través de la construcción o reparación de fortalezas, torres, atalayas… Levantadas en zonas como Huesca, Guadalajara, Calatayud…

La debilidad del califa quedaba en ocasiones reflejada, por ejemplo, en el intento de evitar que Calatayud se rebelase a través de cartas que exigían e intentaban persuadir de la insumisión de Mutarrif, cartas a las que ni siquiera contestaba lo que mostraba un profundo rechazo además de una impertinente humillación.

En los escritos sobre estas batallas se idealiza la figura del califa, se le otorgan características de héroe que conseguía con sus triunfos e iniciativa que los infieles se rindiesen. A Ramiro, sin embargo, se le otorga un carácter débil haciéndole responsable de los intentos de buscar la paz en Zaragoza.

A la vuelta de un ataque a los Reinos Cristianos se vuelve a hostigar Zaragoza y se triunfa sobre ella valiéndose de una estratagema, engañando a algunos guerreros y personas de importancia para la ciudad consiguiendo que salieran fuera de esta sin tener un salvoconducto que les llevase ante el califa de forma segura. Al raptarlos el gobernador de Zaragoza no entrará más en combate y acabará rindiéndose.

De esta forma se pactará que Muhammad Hasim debería cortar toda relación, oculta o manifiesta con los infieles desde Barcelona, Pamplona, Álava, Al-Qila… Entre otras condiciones. Lo pactado lo tuvo que jurar durante cincuenta veces, él, sus familiares y súbditos cercanos.

También fueron invitados a la capital como parte de lo pactado. Una vez allí fueron agasajados y se les trató con cortesía (sobre este hecho hay un poema de Abu Utham Idris) Se trataba de una forma de sellar y confirmar la nueva alianza.

La versión de ar-Razi describe una combinación entre guerra santa y reconciliación con los disidentes en cuanto a la toma de Zaragoza. Comenta como se logra engañar a los zaragozanos para que salieran de la ciudad sin salvoconducto.

Relacionado íntimamente con estas campañas están las luchas contra los Reinos Cristianos, nombradas como “guerra santa” en las crónicas  utilizando así la religiosidad como elemento de unión y argumento para la guerra. La relación entre estos tipos de guerra viene dada porque en muchas ocasiones se aprovecha una campaña para controlar las marcas en una avanzada hacia el norte peninsular y viceversa en ocasiones una victoria contra los “infieles” significaba un impulso para atacar una zona insumisa o rebelde.

Nos movemos en un contexto de hegemonía del califa Omeya ya que tiene gran parte del territorio peninsular bajo su control, lo que significa una buena recaudación de impuestos y por lo tanto poder suministrar todo lo necesario para las aceifas y mantener incursiones hacia el norte. Esa circunstancia más la inestabilidad y división en los Reinos Cristianos son el “caldo de cultivo” perfecto para posibles victorias militares de al-Andalus.

También al hablar de estas guerras se hará referencia a la diplomacia exterior, ya que hay que hablar de pactos, negociaciones, hostilidades…

En este sentido, en las crónicas se relata el pacto con Toda de Pamplona que a través de un intercambio de presos y la amenaza de una posible invasión. A partir de este momento Toda tendrá que desatenderse de todos los reinos cristianos y las anteriores alianzas que tuviese.

También se hace preso a Fortes y es ejecutado por no volverse sumiso. En esta campaña hacia el norte se arrasa, destroza y quema todo al paso de los soldados para castigar a la población y que no pudiera alimentarse con los cultivos que habían plantado hasta la zona de Álava, hasta que en una batalla fue incapaz de seguir suministrando alimentos a su ejército ya que los cristianos también lo habían quemado todo avisados de la posible llegada de los musulmanes. En el texto hace una idea de Fernán González como un cobarde incapaz de plantar cara al califa oculto en zonas impenetrables y refugiándose en castillos o fortalezas. Se utiliza un estilo triunfalista con un ejército musulmán firme, fuerte y victorioso frente a los cobardes cristianos incapaces de defender su territorio.

Este potencia de los musulmanes como antes se ha nombrado era posible gracias a la inestabilidad de los reinos cristianos, ello queda reflejado en lo que nos cuenta ar-Razi sobre la entronización de Ramiro. Existe una disputa entre Sancho y Alfonso (son hermanos) por el trono en la que pierde este último. Alfonso se retira y se alía con su sobrino. El grave problema sucesorio se va decantando cuando el contexto político y social de malestar popular hace que Sancho huya y se refugie hasta su muerte, entonces será entronado Alfonso que duró siete años hasta que decide dejarle el trono a Ramiro (no se explican las verdaderas causas en  la crónica) y aislarse de la política en un convento.

Alfonso tuvo tentaciones y presiones de fuera para levantarse contra Ramiro (su hermano pequeño) y así lo hizo en varias ocasiones, la primera de ellas no convocó a nadie a las armas y se retiró arrepentido al convento pero en otra ocasión en la que Alfonso quiso emprender una campaña contra los musulmanes Alfonso aprovechó para tomar León, fue duramente combatido y salió derrotado.  Estuvieron encerrados hasta que fallecieron. De esta forma Ramiro II gobernó con más tranquilidad al no tener oposición interna.  Ibn Hayyan se referirá a este rey con el término de “tirano” a lo largo de la crónica para dotarle de un sentido negativo a su figura.

Volviendo a las campañas militares del califa tenemos el ejemplo de una relación directa entre un ataque a las marcas que se acaba convirtiendo en una expedición a los Reinos Cristianos; este es el caso de cuando se consigue la victoria sobre Catalayud sirve y se aprovecha como impulso para convocar la guerra santa. De esta manera se llega a ocupar Pamplona donde Toda había violado su pacto. Y otra vez esta región volverá a ser atacada por las tropas musulmanas después de la victoria sobre Zaragoza, esta vez con propios soldados zaragozanos para revalidar el pacto que se había hecho después de su rendición ante el califa.

En el mismo contexto de guerra santa y diplomacia política se sitúa la conquista de Santarín en el año 939 que se hace contra el traidor Umayya Ishay al-Qurasi por pedir ayuda a Ramiro contra el islam (en referencia a al-Andalus pero en las crónicas  se utiliza la palabra islam para dar la sensación de que un ataque contra ellos sería un ataque contra todos los musulmanes).

Estas guerras a menudo traían la ejecución de un gran número de prisioneros a los que en el texto se hace referencia como “bárbaros” pero que son cristianos/castellanos. (Sobre estas ejecuciones hay un poema de Ubay Dallah).

Ar-Razi cuenta otra de las grandes batallas contra los cristianos, en este caso una gran derrota para el bando musulmán. La guerra santa o campaña de Alhandiga se hace convocando a gran parte del ejército y vigilando gran parte de las marcas para evitar posibles tretas del enemigo. Enemigo que tomará preso en la batalla al gobernador de Zaragoza y que logrará vencer a an-Nasir que perdió en la huída todos sus enseres. La campaña toma el nombre de Alhandiga porque en árabe significa “barranco” que es hasta donde fueron llevadas en desbandada general las tropas islámicas y condenadas a un desastroso final.

La versión de Ibn Hayyan intenta “maquillar” la huída de an-Nasir que se retiró “a disgusto” después de intentar reorganizar el ejército y culpa a la hipocresía de algunos notables militares que iniciaron la desbandada.

Ar-Razi relata detalladamente la repercusión contra los supuestos culpables de la derrota recreándose en la descripción de las crucifixiones.

Esta derrota será un punto de inflexión y un golpe psicológico que significará un cambio en la política del califa que se dedicó a otras actividades menos bélicas durante algún tiempo como  fundar az- Zahra, ya nunca se presentó personalmente a ninguna batalla hasta su fallecimiento. Aun así no dejó de enviar campañas, redactadas por  su secretario Isa Futays, donde se relata que el califa aunque no entraba en la batalla se posicionaba cerca para vigilar el transcurso del conflicto (en un intento por darle protagonismo en los triunfos militares).

Ibn Mas´ud sobre estas mismas campañas indica que an-Nasir solo acudía a defender los puntos más débiles de la ciudad y que apoyaba las batallas con instrucciones y suministros a las tropas, “ayudando” a conseguir las victorias.

Entre el 939 y 940 se hace una nueva campaña contra Castilla, teniendo en cuenta la experiencia de la última derrota solo se mandará a servidores y mercenarios a luchar librando de esta actividad a sus súbditos. En estos años cambia la estrategia militar ya que ar-Nasir observa que se hace mucho más daño con una guerra de hostigamiento que con una guerra abierta en un punto en concreto.

El califa acaba reconciliándose con el gobernador de Huesca después de que su hermano fuese crucificado por las represalias de la derrota de Alhandiga. En estas mismas fechas se firma la paz con muchos condes francos como por ejemplo con el Suñer.

Se construyeron fortificaciones en Calataliya (frontera con  Toledo) y Saktar. Además se inicia un proceso de paz con Ramiro después de negociar las condiciones a través de mensajeros.

Y poco a poco se  recuperaron algunos de los enseres perdidos por el califa en la derrota del barranco como el Corán y se logró que se liberase al gobernador de Zaragoza.

En cuanto a las luchas en África, también las crónicas detallarán los sucesos que ahí acontecen sobre todo en el intercambio de cartas entre el califa y diferentes líderes musulmanes.Los fatimíes, que eran contrarios a la rama del islam sunni, habían logrado conquistar zonas orientales y ahora intentaban conquistar el Magreb y expandir su influencia. El califa intenta contener a los fatimíes y hace alianzas, en muchos casos dudosas,  a través de regalos con muchos líderes norteafricanos, regalos que quedan reflejados en las crónicas que eran para conseguir más apoyos y consolidar los existentes. También vigilará las zonas costeras.

Destacan las cartas de Musa pidiendo refuerzos en nombre de los verdaderos musulmanes para combatir a estos orientales que a sus ojos eran peor que los cristianos. Asimismo se relata una  vergonzante derrota de Musa a la que se le enviarán refuerzos para mejorar sus resultados, también se mandan obreros especializados para construir fortalezas. Se utiliza la palabra “judaísmo” para hacer referencia a los enemigos en oriente.

Por si la inestabilidad en esta región no fuese poco el califa tendrá que hacer frente a la amenaza de los turcos que acechará en las costas peninsulares.

En las crónicas también se relatan otros hechos que no se deben pasar por alto como  un eclipse solar, el incendio del zoco de Córdoba que afectó a la mezquita de ibn Harun, sequías generales que afectaron a la agricultura…

En general la crónica relata las actividades militares del califa desde un punto de vista de enaltecimiento de su figura, de justificación de las actividades bélicas sin que por ello estas narraciones no sean una fuente historiográfica importantísima y de gran calidad para el entendimiento de la historia de al-Andalus.

Características literarias

En esta obra vemos el carácter apológico de las fuentes sobre an-Nasir, en la mayoría de capítulos solo hay buenas palabras hacia su persona y todas las victorias revisten un aura de beneplácito divino que simbolizan la legitimidad del monarca. Por otra parte, los grandes enemigos del califa como son Umar Ibn Hafsun o los cristianos, son insultados y maldecidos en los textos. Además es curiosa la exageración que se hace sobre las cifras de los ejércitos, llegando a contabilizar el ejército de Ordoño en 60.000 hombres, algo impensable para la época. También vemos como se dedican capítulos al nombramiento de cargos, esto nos evidencia que an-Nasir fue un califa inteligente al no permitir el enraizamiento de los cargos en dinastías o linajes familiares. La obra consta de numerosos episodios que cuentan con gran detalle una época dorada, partidista y comprendida dentro del mundo del islam, una auténtica reliquia para los historiadores.

Traducciones y fuentes citadas del Muqtabis

El Muqtabis, como obra historiográfica, recopila los textos y obras de más de veintisiete autores. En el Muqtabis V, Ibn Hayyan se basó en los texto de varios autores  entre los que cabe destacar a ‘Arab ibn Sa’id, al- Razi o Ibn al-Faradi.

–          ‘Arib ibn Sa’id al-Katib al-Qurtubi, es conocido por sus crónicas y obras sobre medicina. Nació en Córdoba en el 912, de padre cristiano converso al islam, algunos creen que era unMuwali, tomó su nombre de los Banu l-Turq de Ecija, una familia árabe de noble linaje. Bajo ese patronazgo se educó en el islam y la cultura árabe. Años más tarde ejerció cargos en la corte cordobesa, hasta que fue nombrado secretario de Abd al-Rahman III y posteriormente, de al-Hakam II y Hisam II. Tras escribir su obra “Mujtasar  ta ‘rij al-Tabari” adquiere fama como historiador.

–          Ahmad ibn Muhammad al-Razi (887–955 d. C.), conocido como al-Tariji (el Cronista) o, para los historiadores cristianos, el moro Rasis. Fue un historiador andalusí que desarrolló su labor literaria en tiempos del califa Abderramán III. Era hijo del mercader Muhammad ibn Muza al-Razi, oriundo de la región de Rayy, Persia, que se estableció en la Córdoba de los Omeyas hacia el año 865 (250 h.).1 Rasis adquirió un gran saber, según Ibn al-Faradî, de sus maestros Ahmâd ibn Jalid y Qâsim ibn Azbag, entre otros, y fue tenido en su época como el más prestigioso de los historiadores andalusíes. Se sabe que enseñó en Córdoba, Sevilla y otras ciudades. A él se le atribuyen varias obras sobre la historia y la geografía de Al-Ándalus,  pero destaca sobre todo por su Historia de los reyes de al-Andalus (Ajbār mulūk al-Andalus). Esta la obra le hizo muy conocido y citado por los historiadores posteriores, tanto musulmanes (Ibn Hayyan, Ibn Bassam, Al-Humaydi, Ibn Bashkuwal, Ibn al-Abbar, Ibn al-Jatib, Al-Maqqari) como cristianos, que conocieron la obra como la Crónica del moro Rasis. La composición de esta obra la finalizó su hijo Isa ibn Ahmad al-Razi en Córdoba después del año 977, siendo califa Hisham II.

–          Abu l-Walid ‘Abdallah ibn al-Faradi (962-1012), fue un historiador andalusí. Estudió Derecho y tradición islámica. En 992 peregrinó a La Meca pasando por Egipto y Kairuán donde realizó estudios. Tras su regresó, en 1009 se convirtió en cadí en Valencia. Acumuló una de las mejores bibliotecas de Al Ándalus y fue asesinado en Córdoba cuando los bereberes almorávides tomaron la ciudad. Su principal obra es el “Ta’rij ‘ulama ‘ al-Andalus”, también escribió “Historia de los poetas de al-Andalus” del que no se ha conservado nada.

En lo referido a la fidelidad del Muqtabis respecto a los textos de las fuentes, Luis Molina publicó un trabajo en el que recogía las críticas de autores andalusíes a la obra de Ibn Hayyan donde se observaban modificaciones de lo escrito en el Muqtabis respecto a los textos originales, pero la no conservación de esos textos anteriores al Muqtabis plantea una problemática para dilucidar si estas modificaciones son ciertas y, en ese caso, averiguar si son errores de copia, o de estilo literario-estilístico, o tenían el propósito de resumir o sintetizar, etc. De ser así, no se debe olvidar que muchos autores posteriores a Ibn Hayyan se basaron en sus fuentes que dieron como fidedignas. En resumidas, lo que pretendía era someter a estudio la credibilidad de Ibn Hayyan como compilador y trasmisor del más amplio repertorio de noticias históricas reunido en al-Ándalus. Finalmente concluyó que Ibn Hayyan no era responsable de todas las modificaciones, puesto que utilizó fuentes que a su vez ya habían modificado los textos de la fuente primaria, pero sí de las más significativas y problemáticas, puesto que Ibn Hayyan omite pasajes, añade puntualizaciones, sustituye palabras y expresiones por otras que considera más correctas basándose en sus criterios gramaticales, estilísticos e históricos.

A vuelapluma, valoración historiográfica

Si leemos esta obra y lo comparamos con cualquier manual, observaremos que muchos de los hechos que aquí se describen, están reflejados en estos manuales y es que el Muqtabis V es una de las pocas obras historiográficas, por no decir la única que nos detalla el reinado de Abd al-Rahman III hasta el 942. Las obras que recopila no se han conservado, con lo que esta es la única fuente que tenemos y que nos permite conocer la historia de este reinado con detalles, pero como hemos explicado antes, Ibn Hayyan se encuentra en el punto de mira ante la posible manipulación de las fuentes, aunque estas manipulaciones aparentemente solo se tratan de leves cambios estilísticos en principio. En general Ibn Hayyan es considerado como uno de los mejores historiadores de época Omeya, es por ello que numerosos autores se basaron en sus obras y siguen basándose para conocer la historia andalusí.

Sergio Caballero Gallego, Harun Kahwash Barba y @hectorbraojos


– Ibn Hayyan (1981).: Crónica del Califa ‘Abdarrahman III an-Nasir entre los años 912 y 942 (al-Muqtabis). Anubar Ediciones. Instituto Hispano-Árabe de cultura. Zaragoza

– Molina, L. (2002).: El kitab al-udaba’ de Ibn al Faradi. Anaquel de Estudios Árabes. Vol. 13. Págs. 109-129

– Molina,L. (2006).: Técnicas de amplificatio en el Muqtabis de Ibn Hayyan. Talia Dixit 1, CSIC, Granda. Págs. 55-79

– Musa, K (1999).: La Paidología de ‘Arib al-Qurtubi e Ibn al-Yazzar al- Qayrawani. Anaquel de estudios árabes, Nº10. Págs. 98-101

– Ávila, M.J.(1984).: La fecha de redacción del Muqtabis. Al-Qantara: Revista de estudios árabes. Vol.5, fasc. 1-2. Págs. 93-108

– Martínez Enamorado, V. (2008).: Ibn Hayyan, el abanderado de la historia de al-Ándalus. Revista Jábega, nº 97. Págs. 30-34.

– Franquelo,R. (1974).: Umar Ibn Hafsun. Revista Jábega, nº8. Pags. 20-24

– Álvarez Palenzuela, V.A. (coord.)(2002).: Historia de la España Medieval. Ariel. Barcelona. Pags.143-158

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