Ciencias sociales, violencia epistémica y el problema de la “invención del otro”

El filósofo Santiago Castro-Gómez (Bogotá 1958), entre otras cosas, nos argumenta en “Ciencias sociales, violencia epistémica y el problema de la “invención del otro” todo el recorrido de la construcción de la modernidad y su estrecha relación con el colonialismo y la figura del “otro”, es decir lo opuesto, la supuesta barbarie incivilizada.

Para él, el fin de la modernidad acompaña la crisis de la configuración del poder en el marco del sistema-mundo capitalista al que destina duras críticas.

Sobre el proyecto de modernidad aparece la nueva realidad del autogobierno de los hombres que ya no viene predestinado por Dios como en épocas históricas anteriores, se habla por tanto de un proyecto de civilización amparado en la figura del estado, que genera metas colectivas guiadas principalmente por las élites sociales. Además se controla el monopolio de la violencia y se usa para llevar a cabo sus planes.

En este aspecto se acerca a las ciencias sociales y las humanidades como una institución que controla los procesos históricos para encontrar elementos sobre los que instaurar un gobierno. Se disciplina con el trabajo destinado a orientar las pasiones hacia los bienes colectivos.

Santiago Castro-Gómez sostiene que durante los procesos de modernidad en América Latina en el siglo XIX se institucionaliza la figura del otro, el opuesto al hombre civilizado, correcto y culto. Habla de una consagración del hombre blanco heterosexual, letrado, católico y propietario de tierras frente a la mujer, los analfabetos, los negros, indios, homosexuales o disidentes.

En este proceso cultural cobran gran importancia las letras, manejar el lenguaje por la población equivalía a implementar leyes y a favorecer las transacciones comerciales, creando al homo economicus, encargado de promover el desarrollo económico de la república, ligado a la modernidad.

También hace hincapié en la importancia del colonialismo europeo de ultramar como factor clave del desarrollo de los estados nacionales en Europa y América Latina desde los siglos XVII al XIX. Es el colonialismo para los africanos, asiáticos y latinoamericanos parte del “tortuoso pero inevitable camino hacia la modernidad”.

El colonialismo ejerce disciplina y a la vez genera continuamente la figura del “otro” el bárbaro al que hay que someter y civilizar, igual que a la naturaleza.

Entran aquí en juego elementos como la raza o la cultura que están amarradas a esa supremacía de origen euro céntrico, llegando a hablar de dos gobernabilidades, una hacia adentro creando cohesión social y otra hacia fuera asegurando un sistema-mundo moderno/colonial que asegure todas las materias que necesita que lleguen desde la periferia.

Relaciona con esto el sentido de los teóricos de los siglos XVII y XVIII (como Hobbes, Bossuet, Turgot o Condorcet) de interpretar la especie humana como algo evolucionista que pasa por fases, siendo la primera la de los indígenas como los latinoamericanos y la última, la mejor, la de las naciones europeas, denunciando una supremacía que hace reflexionar que delimita evidentemente de forma peligrosa con el racismo y una arrogancia blanca que lleva consigo la opresión, la guerra y la esclavitud.

Acaba mencionando cómo la globalización es el fin de la modernidad, por perder el proyecto capacidad de organizar la sociedad de una forma tan centralista como en los siglos XIX y XX.

La globalización, como plantea Santiago Castro-Gómez, trae consigo la figura del consumidor de bienes simbólicos, enmarcado en un poder libidinal que estimula las diferencias inmersas en la era de las tecnologías de la información.

Por otra parte reivindica un cambio en las ciencias sociales y humanidades, “la tarea de una teoría crítica de la sociedad es entonces, hacer visibles los nuevos mecanismos de producción de las diferencias en tiempos de globalización”. Centrando el caso latinoamericano en la “descolonización” de las ciencias sociales y la filosofía, reivindicando ese papel de actuar de forma políticamente incorrecta hablando de clases, periferia o sistema-mundo.

Santiago Castro-Gómez hace un auténtico repaso de forma argumentada y clara al proceso histórico de la evolución de la modernidad y pone en duda de forma rigurosa la construcción imaginaria de esa Europa civilizadora hecha a sí misma independiente del resto de los pueblos y ese supuesto papel de continente-paladín del progreso en el planeta Tierra.

 
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