Vals con Bashir

La película del Vals con Bashir es una auténtica obra maestra del cine, una pequeña joya que nos hace valorar la vida.

Es una impactante película documental que se estrenó en 2008 en Israel de la mano de su director Ari Folman.

La vida personal del director está directamente relacionada con la película. Ari Folman, nació en Haifa, Israel en 1962. Cuando tenía 19 años, se encontraba enrolado en las Fuerzas de Defensa Israelíes y fue un testigo presencial de la masacre de Sabra y Chatila al oeste de Beirut, la capital de Líbano.

La adaptación animada en el cine de la guerra del Líbano de 1982 hace desbordar la imaginación y las sensaciones que inevitablemente salen a flor de piel al contemplar la facilidad de quitar una vida y lo complicado de construirla a lo largo de los años. Vals con Bashir parece un diálogo entre la muerte y la vida.

Toda la escenografía, los movimientos, las articulaciones de la animación, y la excelente selección de canciones que ambientan el telón de fondo, crean un entorno muy trabajado sobre el que se apoyará el argumento cinematográfico que se basará principalmente en la guerra, la memoria y la amistad.

La película trata de reconstruir la memoria del protagonista sobre la participación de distintos personajes en la guerra que darán una visión global y enfocada desde diversos puntos.

La Guerra del Líbano de 1982 fue un gran conflicto con decenas de miles de muertos.

El contexto histórico obedece a la ocupación del estado de Israel en el sur de su vecino país Líbano en la zona sur con el pretexto de eliminar toda resistencia a la ocupación y colonización sionista en Palestina. Estas fuerzas armadas que pretenden destruir por completo Israel se denominan a si mismas como OLP (Organización para la Liberación de Palestina) y fueron organizadas por toda una serie de movimientos sociales y actividades paramilitares que han sido tachados continuamente de terroristas en un conflicto sin final en oriente por las fuerzas de Israel.

La OLP se considerada, por la Liga Árabe, desde octubre de 1964, como la “única representante legítima del pueblo palestino”.

Esta organización, considerada por Israel como terroristas, se le añadirá durante el conflicto más milicias armadas como Hezbollah (Partido de Dios creado por la intervención israelí en 1982) que cuenta con un brazo político, otro paramilitar y financiación extranjera de países vecinos como Irán que también están interesados en la desaparición del estado de Israel.

Todo este conflicto que ya en 1982 tiene un largo historial se remonta desde el principio de los tiempos de la Biblia en la tierra de los filisteos que acechan al “pueblo de Dios” en la región de Palestina cuya soberanía aún es tema de debate.

En esos tiempos, podemos hablar de varias diásporas, no solo de una, sino una serie de acontecimientos, sublevaciones y de represión del pueblo judío.

El primer exilio lo encontramos en el año 586 a.C. donde Nabucodonosor II, tras conquistar el Reino de Judá, destruye su templo y lleva a los miembros más destacados de la comunidad a Babilonia.

En el año 516 a.C. el rey persa Ciro II conquista a los a babilonios y permite a los judíos volver a La Tierra Prometida.

Más tarde tras las revueltas judías bajo el Imperio Romano en el siglo I y primera parte del II, la comunidad hebrea se funde con el resto del mundo, dispersándose y acogiendo nuevos lugares como su hogar por todo el mundo conocido.

Ello llevará a que sean minorías en comunidades firmemente asentadas en religiones que serán en muchas ocasiones las que inicien sus persecuciones como los dos grandes pesos que equilibran la balanza de Europa y Oriente Medio, el cristianismo y el islam. Será muchos siglos después a partir de la Edad Contemporánea donde la religión pase a ser algo privado y respetable, aunque la propia historia verá episodios de interrupción de la paz social con persecuciones a judíos a lo largo y ancho de toda Europa.

Este sentimiento de retorno a Israel y de protección de la Tierra Prometida marcará profundamente el sentimiento judío que, motivado por la fuerte organización e influencia del movimiento sionista de los siglos XIX y XX verá su oportunidad de creación de un estado propio tras la Segunda Guerra Mundial.

El holocausto nazi sensibilizará la opinión pública y desde 1948, tras largos procesos, tensiones y presión, se creará la partición de Palestina por las Naciones Unidas en dos partes, una judía y otra musulmana. El conflicto empezará desde el primer día y hará que en un mar de muertos, Israel se adueñe de nuevas regiones a través de guerras y enfrentamientos con países vecinos que no estaban de acuerdo en la creación de Israel como Egipto, Líbano o  Transjordania.

En la película de Vals con Bashir, se cuenta la historia en un entorno donde la Guerra de Líbano de 1982 no ha sido la primera de cientos y cientos de enfrentamientos a pequeña escala, y a gran escala como la guerra de 1948, la Guerra de Suez, la Guerra de los Seis Días, o La Guerra de Yom Kipur.

En este ambiente hostil se desarrolla el film, con la muerte muy cercana al estado de Israel, donde el protagonista es enrolado en Fuerzas de Defensa Israelíes y tiene lugar una cruel guerra que pretende devolver el golpe a las hostilidades de los grupos que acosaban a Israel desde el sur de Líbano donde se habían hecho fuertes.

Israel ordena la invasión como respuesta al intento de asesinato del embajador israelí en el Reino Unido, Shlomo Argov, a manos de la organización paramilitar  de Abu Nidal.

Los palestinos del sur de Líbano también se harán frente a las tropas cristianas que se aliarán con el ejército israelí.

La película comienza con la reunión de dos amigos que lucharon en la guerra de 1982 y a causa de contar una pesadilla recurrente del conflicto, al protagonista le viene el recuerdo de una imagen que intentará reconstruir con los relatos de más conocidos que participaron en la ocupación de Líbano.

La danza de imágenes, color y emociones acompañan desde el minuto 1 al espectador, dando una impactante e inolvidable visión de la crudeza de la guerra, el fracaso de las palabras y la victoria de la injusticia.

La crítica al odio y la muerte se manifiesta en el trasfondo político de la obra. Es una auténtica terapia de choque para hacernos ver un diálogo constante entre la vida y la muerte en una guerra cruel y ambiciosa que no dejó a nadie indiferente en la región y que siguió cavando la fosa del dolor con la innumerable lista de muertos en todos los bandos que recrudeció las relaciones y alimentó el odio y el rencor, volviendo a abrir heridas de muerte y sufrimiento.

En la película también sale a relucir uno de los crímenes más crueles provocados por la radical Falange Libanesa, cuya formación fue creada a partir de la inspiración de Falange Española y por el fascismo italiano.

La masacre de Sabra y Chatila cuyo resultado se ve en la película con imágenes reales fue un auténtico disparate en mitad de una orgía de muerte en respuesta de anteriores asesinatos. La Falange Libanesa entró en un campo de refugiados palestinos y a pesar de tener órdenes de encontrar miembros de la OLP y desarmarlos, se dedicaron a asesinar, movidos por el odio a entre 500 y 3500 personas en un macabro “ajuste de cuentas”.

Con el conocimiento y consentimiento del gobierno de Israel y su ministro de Defensa Ariel Sharón, durante 36 y 48 horas, la Falange Libanesa provocaron asesinatos masivos en una espiral de auténtico terror formada de violaciones, torturas y mutilaciones.

En el campamento murieron ancianos, niños, civiles, mujeres, siendo tan solo civiles indefensos.

Vals con Bashir define bien todo este terror de una manera inteligente, realista y acompasada con una banda sonora que está muy bien escogida, tal y como la adaptación de I Bombed Korea, reescrita como I bombed Lebanon. Además de Enola GayThis is not a love song o Good morning Lebanon, acompañada de un entramado musical propio de Max Richter.

Una brillante adaptación de una guerra injusta que no supo solucionar ningún problema a través de las balas.

La película ha recibido numerosos premios como el Globo de Oro a la mejor película en lengua no inglesa y el César a la mejor película extranjera. Ha tenido un enorme reconocimiento mundial y ha sabido captar esa indignación hebrea con naturaleza crítica y reflexiva que abre a debate si las cosas se hicieron todo lo mejor que se pudo hacer, con un rotundo no como respuesta en el imaginario colectivo.

El título de Vals con Bashir responde a una escena impactante en la película. Un momento casi poético de la muerte cuando un soldado sale de la formación a la vista de los francotiradores y poseído dispara a diestro y siniestro continuamente bailando en círculos entre las balas, rodeado de carteles del político de la Falange Libanesa Bashir Gemayel.

La película es una gran obra maestra sin dudas ni exageraciones, una manera distinta e inteligente de hacer cine, siendo realista y sugiriendo un debate interno al espectador con toda la cuestión de Israel y Palestina que han marcado profundamente la política israelí desde 1948 hasta ahora en pleno siglo XXI.

El odio muto, la sangre, los muertos, las heridas, las mutilaciones, las matanzas, el hambre, la miseria, la desesperación, las lágrimas y la guerra ha caracterizado la cuestión de un estado sionista decidido con todos los estados vecinos en contra. Las víctimas del terrorismo organizado palestino y del estado expansionista israelí son desgraciadamente solo una pequeña parte de un escenario que tiene una influencia mucho más allá a nivel mundial como una isla aliada de occidente en un mar oriental de influencias islámicas. Un escenario de división e intereses económicos y militares responden al resultado de la cuestión de Palestina más allá de la religión o la “bondad” de las Naciones Unidas que tiene en el mundo como organización, un claro papel occidental.

La película es un pequeño episodio dentro de un gran drama para la humanidad que desafortunadamente no se ha sabido resolver a día de hoy, intercambiándose antes las balas que las ideas.

@hectorbraojos

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