¿Nació Europa en la Edad Media?

El libro ¿Nació Europa en la Edad Media? es un punto de partida para entender nuestro concepto de unidad, cultura y sociedad europea. El libro está escrito por Jacques Le Goff, destacado medievalista francés, nacido en Tolón en 1924, y prolífico escritor de numerosas obras.

Le Goff trata de introducirnos en un período de períodos, es decir hace un repaso a toda la historia relevante para la constitución de las raíces que conformarán una potencia internacional como Europa, atravesando distintas épocas y movimientos que recorrían el continente para dar lugar a una realidad histórica, social, cultural, religiosa y política.

El libro está constituido por un prefacio, una introducción, un preludio, seis capítulos, una conclusión, una cronología, la selección bibliográfica y dos índices, de forma que atraviesa la Edad Media de una manera bastante completa para hacerse una idea general y entender de donde viene la Europa actual, dando las claves internas a través de los siglos pasando desde las invasiones bárbaras, a la cristianización de las monarquías europeas, la Europa carolingia, el feudalismo, el renacimiento o los viajes a ultramar.

Hay que contar en un primer momento con la geografía como modelo al cual se van a adaptar las diferentes sociedades de Europa desde el siglo III hasta el XV. Esto hará en muchos casos como fronteras naturales formadas por cordilleras, ríos o lagos que conformarán a las sociedades a establecerse en diferentes lugares y adoptar un cultura propia poco a poco, teniendo en cuenta la basta influencia helena en un primer lugar, y latina seguidamente, siendo esta mucho más rica y valorada en el continente, con varios conceptos como la ordenación territorial, la cultura, la política o la religión cristiana (teniendo en cuenta las diferentes doctrinas como el catolicismo o el arrianismo).

El Imperio Romano de Occidente cae definitivamente en el año 476 a consecuencia de la inmensidad del territorio, que no se puede sostener con una eficiente organización, ya que es un pueblo basado en gran parte en la guerra y conquista, lo que posteriormente hace de él una debilidad a la hora de gobernar y se suceden varias intrusiones de bárbaros a lo largo de toda Europa de grandes clanes como los Alanos, Ostrogodos, Visigodos, Burgundios, Vándalos o Sajones que imponen un sistema de caudillaje basado en la monarquía, actitud que adoptará Europa como referente de gobierno de la sociedad.

Hay destacar la importancia de la cohesión cristiana, en un primer momento arriana en su mayoría y posterior conversión católica por parte de los reinos godos, ganando la Iglesia un vehículo común con el que unir a todas las sociedades en una importante medida, dando e Europa un sentimiento común y un concepto que posteriormente se afincara en la unidad de los reinos cristianos del continente. Esto surge con la importancia que ganan los obispos en las ciudades en calidad de administradores y con la utilización de la religión como un ente que mueve absolutamente todo el mundo, el calendario, la organización social y política, la vida en el más allá, la moral y la cultura (la cual en algunos casos es un plagio a las prácticas paganas de la época, recordando que campesino y pagano es la misma palabra cuando la Edad Media comienza su arranque).

Los procesos europeos dan paso a las monarquías con tradiciones bárbaras, avanzando hacia un modelo feudal y dando lugar posteriormente a las monarquías absolutas de la historia moderna.

Le Goff nos va narrando como destacan los francos sobre las demás tribus en los siglos V y VI y como se va deteriorando el poder administrativo de los reyes deponiéndolo en mayordomos que hacían el efecto parecido del cargo de shogun en Japón.

En estos momentos, la cristiandad católica se abrazará en torno a una figura muy importante para la construcción de Europa, Carlo Magno y su basto imperio. Construyendo a lo largo del tiempo un reino unido con varias naciones dependientes de él, con localizaciones geoestratégicas de defensa conocida como las marcas, y un motor común para el funcionamiento social de las buenas relaciones con el patriarcado de Roma.

Carlo Magno atacó a musulmanes, haciendo frente al imparable avance del islam para la sociedad cristiana, y unificó su reinado a base de derrotas de los lombardos, sajones y eslavos. Tras su breve proyecto europeo, se constituyó la Alemania del momento, que no es más que una división del reino de los francos y lo que sería el instrumento sucesor de este en ambicionar una nueva realidad europea.

Hablar del imperio carolingio es entender quizás la chispa que despertó lo que actualmente es Europa en cuanto a su formación y al concepto de unidad que perdura hoy en día siendo el catolicismo el vehículo para el entendimiento y la cohesión de las numerosísimas sociedades que debía gobernar en la época el Rey de los Francos, de los Lombardos y Emperador de Occidente.

Su marca en la construcción de Europa es algo intachable, poniendo en marcha un proyecto de la construcción de algo común, de una nueva realidad socio-religiosa que dominaría el continente a través de las monarquías católicas.

Tras la caída del imperio carolingio, ese sueño común lo recogió en Germania el rey Otón I que consiguió varias anexiones a su reino y remarcó un protagonismo de los pueblos alemanes dentro de la construcción y dirección del continente, destacando este papel principal como pueblo europeo más activamente en el emergente Sacro Imperio Romano Germánico.

A partir del año 1000 se pretende esa expansión de territorio controlado bajo la unidad europea hacia el este, afectando a los eslavos, escandinavos y húngaros e introduciéndolos a la cristiandad católica poco a poco. Sin embargo estas anexiones no fueron gratuitas, y formaron numerosas escenas bélicas, junto a numerosas rencillas internas entre reinos cristianos, dando lugar a un mundo violento, donde la Iglesia promulgaba desde su militancia el llamamiento de la paz.

Posteriormente la violencia será justificada en algunos casos por parte de la Iglesia católica, lo que provocará la figura del Papa como el que autoriza qué guerra está justificada y cuál no. Siendo esta una vía de escape para dar rienda suelta a sus expansiones contra el Islam o incluso contra monarquías que no siguieran sus dictados, generando en muchos casos una separación entre la iglesia y la monarquía de manera que se interpusiera el poder del rey con cada vez más autoridad, con pequeñas disputas internas con la clerecía por el control del poder.

El autor medievalista hace referencia a la organización social con especial hincapié en la Europa feudal de los siglos XI y XII, hablando de los avances agrarios, las células  del castillo, el pueblo o la parroquia, la nobleza, los campesinos, o el mismo miedo al diablo canalizando su oposición a través de la inquisición y declarando herejías a numerosos avances científicos a lo largo de siglos, padeciendo una profunda recesión en el avance intelectual hasta la aparición del renacimiento.

Seguidamente, Le Goff habla sobre las diferentes experiencias de las monarquías a lo largo de varios proyectos de potencias europeas, parándose en un análisis para hacerse una idea general de manera amena de lo que sucedió por Francia, Inglaterra o España.

Aparece una nueva corriente dentro del cristianismo donde se hace un culto mariano  de una manera muy profunda y surge esa visión del Cristo de la Cruz y la Pasión, la imagen sangrante por los pecados de la humanidad y su posterior renacimiento. La devoción es inmensa del Cristo vencedor de la muerte, como en las mitologías griegas. Este fanatismo termina por la persecución de cualquier otra creencia y de pensamientos incómodos para la mente medieval de la clerecía. La ira descontrolada se convierte rápidamente en odio, en guerras, declarándose la primera cruzada o iter (el camino) en 1095, para la recuperación de los Santos Lugares donde vivió, murió y resucitó Cristo originando un conflicto internacional, que perduró activa y pasivamente hasta nuestros días, manteniéndose esas peregrinaciones armadas, una brecha enorme entre Oriente y Occidente.

En el siglo XIII, por otro lado, nace la Europa de las ciudades, las primeras pinceladas de convivencia urbanística de una forma más sofisticada en cuanto a su organización, situando a grandes centros neurológicos de progreso social, como las universidades, a un grado elevado de importancia para el posterior desarrollo europeo.

También en el campo comercial se experimenta un crecimiento con la autorización del oficio de comerciante por parte de la Iglesia como un trabajo honrado, no como antes, porque se condenaba la usura que se pudiera contraer en estas actividades económicas.

Proliferan las artes literarias y artísticas, especialmente en el terreno arquitectónico con el estilo gótico, exponiendo un rocambolesco y precioso entramado para la construcción de una obra que reflejaba la devoción del momento con gran detallismo.

Le Goff discrepa de la utilización de la palabra renacimiento en cuanto a la posterior época de cambios que va a vivir Europa, calificada como la historia moderna por el descubrimiento de América en 1492 o la toma de Constantinopla en 1453. El autor nos habla sobre una larga Edad Media, más de un otoño de esta época que de una primavera de los nuevos tiempos como expone.

Defiende una Europa actual influida en la Edad Media por la separación entre iglesia y el estado, un rechazo generalizado a la iglesia ortodoxa o al islam, la promoción de los niños, las mujeres y el equilibrio entre la fe y la razón. Pero estas posiciones van a quedar ocultadas de manera interesada por la influencia del poder (monarquías absolutas principalmente) y la Iglesia católica hasta la Revolución Francesa en 1789.

Le Goff acaba su libro llenándolo de luces y sombras en los siglos XVI y XV con un impresionante esplendor con los primeros síntomas del renacimiento, la imprenta, los sentimientos nacionalistas, la apertura económica europea y la expansión territorial de la misma hacia África y América. Pero también destaca la otra cara de la moneda con la amenaza turca, la peste negra, las revueltas internas, las hambrunas y las guerras. El medievalista francés recorre estos siglos de una manera amena y concisa llegando a hilar el pasado de Europa con nuestra actualidad, con conexiones importantísimas que tienen su arraigo en la Edad Media, con costumbres, tradiciones, políticas y una religión común que hará del continente un nuevo espacio de unión y conflicto después de estos siglos hasta hoy en día. Una lectura comprensible y ágil para entender por qué somos los que somos ahora mismo y de donde viene este mundo occidental que se ha forjado en un esfuerzo titánico durando su construcción cientos y cientos de años.

@hectorbraojos

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