Ser griego en la ecúmene

José Pascual González nos sumerge en el viejo mundo de Grecia y nos propone un viaje por el verdadero significado de la identidad griega en la Edad Antigua para analizar toda la construcción que ello conlleva.

Su acreditada formación es la plataforma para una extensa explicación amena del significado griego en la antigüedad, es licenciado en Filosofía y Letras, sección de Geografía e Historia, Especialidad de Historia Antigua y Medieval por la Universidad Autónoma de Madrid (1985) y Doctor en Historia Antigua por la misma universidad (1993), además acreditado para el cuerpo docente de Catedráticos de Universidad (2009).

En “De Herodoto a Estrabón. De Ampurias y la Magna Grecia a la India antigua. Ser griego en la ecúmene” del trabajo colectivo de la obra “Ideologia, identidades e interaccion en el mundo antiguo” editado por Compañía Española de Reprografía y Servicios S.A., José Pascual González trata de argumentar, citando especialmente fuentes antiguas, la realidad de ser griego en la ecúmene (del griego Tierra Habitada), ese espacio del mundo que estaba ocupado por toda la humanidad, aunque también a este término se refirieron en el periodo helenístico como la tierra poblada solo por los griegos, poniendo fronteras culturales a los “bárbaros” a quienes no incluían dentro de este pequeño universo de la civilización.

Pascual González nos explica los entresijos y las claves de la identidad griega, basada en toda una serie de conceptos que se exportaron por todo el mundo como resultado del triunfo de la civilización, tales como la educación, la cultura, la lengua y la religión.

A este concepto se le une la polis, la comunidad política compuesta por los ciudadanos y la paideia, el sistema educativo griego, que contemplaba una gran cantidad de disciplinas para formar a un hombre adulto y útil para la colectividad.

El resultado de estas medidas terminará por forjar una identidad que ya se venía fraguando desde la Edad del Bronce. Una personalidad propia que será el alma de la civilización, las primeras bases de una organización social sofisticada y preocupada por todos los aspectos que a ella se refieren.

Es muy complicado analizar el sentir de una comunidad como Grecia en la antigüedad, pero se puede intentar desde varios puntos de vista como propone el experto de estas sociedades, como la metodología que se empleaba a través del análisis de los textos, los logros de la investigación moderna acerca de la historia y un enfoque terminológico propio de los griegos que se usaban para describirse a sí mismos y al resto del mundo, algo que estaría íntimamente ligado con la definición de ser o no parte de la civilización.

El periodo arcaico contribuyó a expandir mediante las colonias griegas todo un sentimiento de ser parte de una comunidad al entrar en contacto con otros pueblos diferentes, que no hablaban su idioma y tenían diferentes formas de ver la vida y organizarla en sus centros de asentamiento.

El idioma fue un elemento vital para comprender las diferencias de los pueblos y el principal obstáculo de entendimiento e intercambio de ideas entre los mismos, algo que supondría una clara frontera entre ser griego o no serlo, ya que aunque el propio idioma griego tiene diferentes dialectos y alfabetos siempre podían comprenderse entre ellos y sentirse por tanto parte de una identidad de origen común que refuerza su propia semejanza frente al resto de culturas. Algo que no tiene nada que ver con la propia “raza” ya que las relaciones entre griegos y “bárbaros” se produjo por todo el Mediterráneo.

La religión también cumple su papel de fortalecer la comunidad con una única devoción por el panteón, una serie de rituales idénticos que hacían habitualmente y una sucesión de atributos griegos, así como una jerarquía. Siendo fundamental porque el culto es la explicación de los orígenes, de las deidades y del concepto místico de entender la realidad.

José Pascual González pone una gran atención en todos los nexos de unión de Grecia, como la conducta y los valores, juicios por los que se comprobaba la excelencia o la ética competitiva, a parte de los que señala el historiador y geógrafo Heródoto tales como los aspectos que se proyectaban al exterior como las costumbres, el lenguaje corporal o las formas de vestir.

Llegados a este punto, el ejemplo del espartano Demarato que pone el profesor es totalmente pedagógico para entender al griego frente al mundo. Demarato, exiliado en la corte persa de Jerjes, debatiendo sobre a lo que se va a enfrentar, dice que la ley les salva de la pobreza y del despotismo que lidera el gran Shah de Persia. Frente a él lucharán hombres que, le asegura, pese a ser libres, no lo son del todo, ya que rige sus destinos un supremo dueño, la ley, a la que, en su fuero interno, temen mucho más, incluso, de lo tus súbditos te temen a ti.

Pascual González se refiere a esta ley no como los deseos de ningún monarca como ocurre con el bando persa, ni como la tradición controlada por la aristocracia griega sino que surge de la voluntad de la comunidad. Es algo muy importante y clave para entender la configuración de las polis y el espíritu de superioridad frente a otros pueblos por tener un sofisticado protocolo de convivencia pactado por toda la sociedad para vivir unos junto a otros. Una auténtica revolución social que posteriormente intentaría imitar Roma con desastrosos resultados para extenderla a través de sus conquistas a todos los confines del Imperio. Una forma de ver la sociedad como un conjunto que señalaba al ciudadano que no participaba en la comunidad no como un ocioso sino como un inútil, algo que estorba y no cabe dentro de la proyección de construir la organización de un conjunto de intereses que afectan a todos sus componentes.

Sin embargo ello no puede conducirnos al error de pensar que estos mismos valores suponían un pretexto para organizar una unidad política a gran escala; todo lo contrario, se plantea que la helenidad es parte de la vida de un pequeño estado como fue la polis, algo que se extendió como concepto por todo el mundo griego, llegando a contabilizarse hasta unas ochocientas en periodo arcaico (mediados del siglo VIII a.C. hasta el V a.C.) y clásico (siglo V a.C. hasta último cuarto del IV a.C.). Esto produjo en la moral de los ciudadanos y miembros de la comunidad una triple superioridad, cultural lingüística, política y militar, lo que hacía pensar incluso que los “bárbaros” podían ser definidos como esclavos de manera natural debido a su inferioridad intelectual, una idea que se esconde en el pensamiento aristotélico según señala el historiador.

La educación es un punto donde Pascual González se detiene con mucho detenimiento para entenderla como una parte vital del griego, es el alma de la comunidad porque son los valores que se trasmiten y con los cuales tratan de formar miembros de la sociedad que sean intelectuales y sanos.

Dice Isócrates que su ciudad aventajó a las demás con el pensamiento y la oratoria, llegando a ser los discípulos maestros de otros hombres, aplicando el nombre griego a quien participe de su educación antes que el hecho de compartir la misma sangre.

Esa educación, la paideia, va a ser la columna vertebral de los estados griegos. La esencia educativa que se va a centrar en la lengua griega, su literatura, sus mitos, la pugna, tanto musical como deportiva, el significado de las imágenes, la gimnasia y la guerra. Un paquete completo de disciplinas que buscan hacer del joven griego un hombre de provecho, culto y  saludable. Todo ello basado en la excelencia (arete) y la competencia (agon), conceptos muy antiguos griegos que buscan una perfección aristocrática basados en un esfuerzo personal y en la demostración propia del talento.

Es interesante ver el proceso que va siguiendo la identidad griega, llegando al siglo V a.C. en periodo clásico cuando pone su atención en la forma étnica social, valorando la importancia en la comunidad de los ancestros, santuarios, cultos, costumbres, dioses, la guerra o la sociedad que lleva a una concienciación de superioridad frente a un mundo en su opinión menos desarrollado y abstracto. En el siglo IV a.C. la paideia ya será inseparable de la colectividad. Más tarde en los siglos III y II a.C. del periodo helenístico, la educación será el pilar fundamental para reconocerse como griegos, perfeccionando la educación que Pascual González relata detalladamente entre otros puntos importantes de forma muy documentada y placentera sumergiéndonos en una época tan antigua que parece imposible la cantidad de exigencias que se producían en la educación.

Este transcurso educativo, comenzaba desde que el griego nacía, aprendiendo hasta los siete años el vehículo de comunidad primordial para el entendimiento, la lengua griega, además de la genealogía familiar, algunos mitos, fabulas y una disciplina de comportamiento. A partir de los siete años comenzaba la etapa de aprendizaje con el maestro, comenzando por las lecturas, algo que no carecía de complicaciones por las numerosas reglas que esconde el lenguaje de la Grecia antigua, sin varios signos de puntuación, espíritus, acentos, declinaciones, tiempos verbales etc… Después de ello se empezaba a escribir, terminando esta primera fase con los contactos iniciales del cálculo y la aritmética.

A los doce años, la figura del gramático les introducía a los clásicos de Menandro, Píndaro, Homero o Demóstenes entre muchos otros. Así se iniciaba a la lectura comprensiva, ética y crítica para el entendimiento de las ideas. También se fomentaban la gimnasia, la equitación, las matemáticas y la astronomía.

Como tramo final de esta etapa adolescente hasta los dieciocho años se hacía hincapié en la música, el canto y la danza. A partir de esa edad comenzaba la última etapa de formación, aprendiendo el diverso uso de armas diferentes y tácticas militares como las formaciones. Los gimnasios hacían de centros sociales no solo dedicados al entrenamiento sino de articulación de la paideia rodeándose de bibliotecas, centros de lecciones, audiciones y conferencias.

Este concepto educativo de excelencia y examinaciones públicas llevan ya en el siglo IV a.C. a dos definiciones, una étnica de Herodoto y otra de Isócrates, que por encima de la etnia se basaban en la participación de la cultura griega adoptando su lengua, su polis, o la realeza siendo también una jerarquía social aceptada y valorada que se integraba en la estructura política pero no la dominaba, idealizándose con figuras homéricas de héroes y mitos a raíz de las numerosas monarquías fortalecidas que fueron surgiendo como gobiernos.

En cualquier caso se consideraban los abanderados de la civilización, un concepto ético que del paso del siglo I a.C. al I d.C. transitó por una transformación constructiva idealizada por Estrabón, que defendía como un aspecto de progreso las condiciones propicias para la agricultura  y el intercambio comercial que pasaba esencialmente por la cercanía al mar Mediterráneo, así como una ética que rigiera las leyes y la estructura social.

El concepto de civilización se extendió con Roma, llegando a un cambio histórico muy importante ya que según asegura Pascual González finalmente, los griegos formaban parte del mundo civilizado pero eran ya sólo parte. Sin embargo, la helenidad y el helenismo, habían creado objetivamente una civilización universal.

Ese concepto de la evolución social basado en las entrañas de la comunidad griega fueron las bases para el desarrollo colectivo de la humanidad, haciéndonos mirar a nosotros mismos hacia atrás continuamente para saber de dónde venimos y en base a ello saber por dónde dirigirnos. Los pilares griegos son los que soportan en ese edificio mágico de la historia el progreso de todos los pueblos de occidente, basándose en ellos para construir mayorías sociales que emanaban voluntades que a su vez configuraban las leyes. No dejará de asombrar que hace milenios la retórica, la política, el diálogo, la educación y la comunidad ofrecieran luces de esperanza en un mundo que a menudo era cruel, oprimido y sombrío. La palabra como vehículo y la armonía de la justicia como meta se unen para dar paso a la civilización humana y su progreso, los griegos iniciaron el viaje y todavía hoy quedan caminos por recorrer en esa dirección.

@hectorbraojos

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