Blanco y Negro en Color

Colonialismo y decadencia moral en Europa

La película de título original francés La Victoire en chantant (El canto de la victoria) o su título traducido al castellano de Blanco y Negro en Color, es una obra del año 1976, dirigida por Jean-Jacques Annaud, director francés que estrena en esta obra la singularidad de ser su primer largometraje, por el cual llegó a recibir el Oscar a la mejor película en habla no inglesa.

Se trata de una obra dramática y satírica con un humor muy crítico de su propia identidad francesa. El argumento de centra en los colonos franceses que están establecidos en el África Ecuatorial en frontera con los alemanes como parte de ese sistema colonial que experimentaron potencias europeas en su auge de extender enclaves por el mundo.

En este contexto internacional del imperialismo ejercido desde naciones del continente se puede observar cómo los acontecimientos llegan a los asentamientos coloniales franceses, donde la Primera Guerra Mundial hará de escenario de fondo para enfrentarse a sus vecinos alemanes.

La película ofrece un auténtico mapa visual para entender de alguna manera esa visión histórica euro-centrista que iba expandiendo su cultura a base de fusiles.

Como se puede observar a lo largo del film, las posiciones del estado quedan demasiado claras. La identidad europea, más allá de las naciones de Francia y Alemania, tiene una tradición expansionista que trata de rentabilizar los territorios conquistados a través de una red colonial que explote todos los recursos que pueda al mínimo coste posible para hacer ricas a las patrias invasoras. Esta estructura de rutas comerciales que van más allá de las fronteras europeas se han ido construyendo por la implantación de una serie de factores que de ninguna manera pueden analizarse de forma única de la razón, sino que contiene un conglomerado de pilares por los cuales se van a producir estos hechos para vergüenza de la conciencia histórica de los pueblos europeos.

Los pilares sobre los que se asienta en colonialismo tienen un carácter impositivo hacia las comunidades que se dominan. El diálogo, las ideas o la política participativa quedan aislados y fuera de lugar. Los autoritarismos militares toman el control para hacer de las colonias enclaves que estén subyugados a los intereses de la metrópoli.

Para ello se fuerza de manera violenta y esclavista a las personas que viven en estos desafortunados estados sometidos. Las penas de muerte, castigos físicos o encarcelamientos son las herramientas de represión para atemorizar a un pueblo que mire al invasor inspirándole miedo y respeto. Sin embargo, la utilización del terror, tarde o temprano da paso a las ansias de libertad y el derecho a rebeldía si no hay una cohesión social claramente compartida o un control absoluto de los pensamientos.

Ante este problema, ya que la monopolización de pensamientos es casi imposible, derivándose en actitudes sumisas  como mucho, se implanta la cultura como factor primordial para intentar hacer sentir a las colonias parte de algo, una comunidad europea que está servida de argumentos racistas y supremacistas.

Este pensamiento tiene un factor de legitimización constante que han repetido las naciones europeas a lo largo de la historia. Europa como la cumbre del progreso y la cultura lleva la civilización con la violencia si es necesaria, es una tarea casi mesiánica. Una idea constante repetida por las actitudes más nacionalistas y autoritarias que se han multiplicado en Europa en diversos gobiernos a lo largo de los siglos.

El pensamiento cultural de que Europa es el centro del mundo acaba derivando en estas invasiones violentas y esclavistas que van a responder a los intereses principales de las élites que buscan expandir sus tierras y poder, porque entienden que tienen el derecho de apropiarse de las naciones subdesarrolladas, con el pensamiento de llevar la civilización a las tribus que viven poco menos que en la prehistoria comparados con las sociedades de Europa. Esos aires de pedagogía pedante europea tienen una fuerte consolidación dentro de las mentalidades de los pueblos del continente. Tienden a enseñar su modo de vida sin respetar el de los demás que es, siempre en este esquema de supremacía, profundamente subdesarrollado y linda en algunas ocasiones con el paganismo y los choques culturales de ritos o protocolos que son tachados de barbarie.

En este campo, como se aprecia en la película, la figura de los sacerdotes y la iglesia cristiana van a tener que dar respuesta a estas necesidades de nexo con la metrópoli. Va a ser la religión la que actué como un modelo vehicular para acabar con la cultura nativa y empezar los trabajos de asimilación de los conceptos de las civilizaciones desarrolladas desde cero.

Los nativos, se ven abrumados ante la tecnología militar y el despliegue que hacen los europeos en África, incapaces de formar una rebelión creando una conciencia colectiva de ser súbditos y no ciudadanos de la nación de la que forman parte en virtud de la violencia que les ha obligado a ello.

Multitud de procesos de conquista de la historia se ven reflejadas en el colonialismo del siglo XX, las cruzadas, la conquista de América Latina o las guerras contra los indios de América del Norte son algunos ejemplos que, a pesar de los distintos marcos históricos, tienen un mismo espíritu de ansias de territorios e imposiciones culturales a los que creen incivilizados o bárbaros.

Es una cultura extendida por todo occidente de odio al diferente, de apuntar al que se escapa de la comunidad para ser una excepción, al que se va señalar en un principio entre asombro y vergüenza, cultivando un rechazo que acaba en resentimiento, animadversión, clasismo y racismo. Una presión de grupo a nivel nacional para que nadie se salga del guion establecido por la sociedad en la que se desenvuelven estos sentimientos que están profundamente ligados a la construcción de Europa.

Los sentimientos de caridad son los que aplacan las conciencias de estas ideologías, es decir, la extensión supuestamente altruista de la cultura de la que se procede, que es la mejor y la verdadera, frente a las demás que son las más malas e incultas.

Para aplacar la mala conciencia de los colonizadores, el argumento de que a pesar de todo lo que ocurra de forma violenta, en el fondo se les está haciendo un favor a estos pueblos en función del desarrollo, es una clave para entender estos valores supremacistas.

Lo diferente, en Europa como construcción histórica se ha acabado asimilando en la sociedad como lo oscuro, la maldad, el atraso y lo desconocido, y en el fondo, lo que no se conoce siempre acaba asustando el sentir de los hombres. Estos sentimientos de primeros rechazos han ido evolucionando en forma ideológica para dar lugar al pensamiento de que lo diferente tiene que ser destruido o ser igual que la cultura de la que se parte, y si para ello hay que conquistarlos sencillamente se les somete y se les lleva la civilización a golpe de bayoneta.

Durante el siglo XIX y XX Francia encarna todos estos valores con su III República. Sin embargo, al iniciarse su etapa dentro del marco colonial en 1871, tiene colonias muy pequeñas con un problema muy importante. Estos territorios están muy dispersos, lo que supone un mayor coste de control y organización; tiene posesiones en Nueva Caledonia, Camboya, Indochina, Argelia, algunas islas antillanas, parte de la Guayana y enclaves en Senegal.

La evolución francesa va a cobrar una notable importancia dentro del marco internacional, construyendo un imperio de gran peso que se producirá de la mano de algunos políticos como Jules Ferry (1832-1893) que apostará por una expansión francesa de colonias.

El largometraje de Blanco y Negro en Color pone de manifiesto este espíritu nacional de la expansión y el sometimiento de las colonias.

Desde el inicio de 1880 este proyecto colonial se pone en marcha. Primero con la expedición de Túnez que finalmente acabó como protectorado. Después se fijó el objetivo de volver la mirada a Indochina, donde se pretendía completar el área de influencia iniciada ya anteriormente con Napoleón III.

Se conquista Hanoi y volvía a aparecer el designio estatal de protectorado con Tonkin y Annam.

Más tarde, en 1888 se forma la Unión General de Indochina a lo que le seguiría la anexión del Alto Laos 8 años después.

A raíz de ello, el colonialismo británico se pone en guardia viendo a un competidor de sus mismas políticas colonialistas, por lo que se apropia de Birmania para hacer de ella un escudo que protegiese sus intereses comerciales. Los estados sometidos son simples peones en un tablero enorme donde compiten potencias.

Francia también convierte en protectorado a Madagascar y aprovecha la rebelión de esta en 1896 para acabar adueñándose de ella como colonia sometida.

Del mismo modo se procede en hacer algo semejante con la base de Djibuti en Somalia.

Pero sin duda, el gran pastel se reparte en África, una tierra muy rica en minerales y recursos que va a ser el origen de tensiones entre potencias para hacerse con estos pueblos que no podían defenderse ante las acometidas militares europeas.

Se toma a Argelia como base desde donde empezar esta campaña de anexiones simultaneas por África. Se va llevando a cabo una intervención continua en el continente con conquistas en el reino de Dahomey en el golfo de Guinea, mientras que por el río Senegal se adentran en la parte occidental de Sudan, conquistando la ciudad de Tombuctú en el año 1894.

El domino francés se establecía de forma fortalecida en la parte noroeste de África. Tan solo faltaba Marruecos para formar parte de la gran familia de colonias que iba atesorando la III República, aunque realmente estaba seriamente influenciada por la economía francesa, la cual se utilizaba para sacar cuantiosos beneficios de tratados de comercio privilegiados, algo que provocaría en envalentonamiento francés de penetrar en 1902 de forma pacífica, llegando a aumentar su control en 1912 compartiendo un protectorado marroquí con España.

El nuevo proyecto francés iba a ocuparse ahora de intentar vincular estos nuevos territorios con los del índico, una ambición que provocaría tensiones con el gran imperio colonial de Inglaterra.

El eje este-oeste de Francia y el eje El Cairo – El Cabo de Inglaterra confrontaban intereses que finalmente estallarían en 1898 a raíz de la toma francesa de Fashoda en el curso norte del río Nilo, algo que vio comprometidos los intereses ingleses de forma muy seria en cuanto a sus intereses comerciales y a su orgullo patrio.

Finalmente el pulso diplomático obligo a Francia a retirar estas expansiones, delimitando sus colonias a las zonas que ya mantenía en su poder.

A pesar de ello, entrando en el siglo XX, los galos tenían bajo su control un auténtico entramado de territorios que la convertirían en una de las primeras potencias del momento. Sus dominios eran tan grandes que comprendían catorce veces su país.

Su imperio de ultramar no afectó su presión demográfica, ya que desde prácticamente el principio, se impusieron normas que iban a regularizar el control de ello.

Este modelo choca con la estructura británica, ya que se envían reducidos grupos de población, que por otra parte se encargan de aspectos culturales muy importantes.

El legado francés en África se extiende con escuelas y misiones que van a catapultar su influencia y el establecimiento de pueblos afrancesados que van a aprender su lengua, su cultura, su religión y una forma de organizar la sociedad conforme al modelo europeo.

Sin embargo, todo esto acabó por colapsarse a raíz de la Segunda Guerra Mundial.

Esta construcción imperialista y colonialista de Francia se vio a su vez compartida con otras potencias como Alemania, Inglaterra, Portugal, Italia, España o Bélgica.

La película de Blanco y Negro en Color, retrata con un trasfondo cruel todas estas identidades francesas que portan valores de supremacía y afrancesamiento del resto del mundo.

Quizás, el único pensamiento positivo pueda ser el de contar, tras la colonización, de todas esas infraestructuras que se construyeron con intereses explotadores para llevar a cabo unas bases de semejanza con el mundo más sofisticado, como caminos, puentes, centros de comercio, etc… que sin duda no se construyeron de forma altruista sino que obedecieron a las necesidades de mantener las conexiones del imperio mediante la estimulación comercial que siempre acababa revirtiendo en los beneficios franceses. Por el contrario, la lista de consecuencias negativas, asesinatos, violaciones, saqueos, esclavismos y represión desequilibran la balanza a una posición que hiere la dignidad de todo ser humano y sus derechos fundamentales.

Para explicar el fenómeno del imperialismo, distintas escuelas han aportado su punto de vista.

Algunas de ellas por caminos diferentes y otras que se enfrentan directamente. En la segunda mitad del siglo XX se van a acercar los marxistas y liberales críticos a intentar explicar estos planteamientos con una óptica examinadora y exigente.

Por otra parte a partir de los años cincuenta del siglo XX se van dotando de importancia los métodos historiográficos que estudian este proceso imperialista a la vez que se desarrollan movimientos anticolonialistas que buscan la autodeterminación, en base en algunos casos al nacionalismo y en otros al sentido común.

La teoría más aceptada por los historiadores occidentales, que tiene sus opositores también, se centra en explicar este fenómeno por las transformaciones que sufrió Europa.

Estos cambios convulsos podrían iniciarse en la crisis de superproducción de 1873, uno de los muchos periodos frenéticos de la economía capitalista que no siempre tienen por qué ser positivos, lo que implica que debe reestructurarse de un modo claro el estado y sus relaciones en el marco internacional para desarrollarse de forma beneficiosa.

En el siglo XIX, comenzando los años sesenta, los países de Europa empiezan a poner en marcha su proceso de industrialización de forma que dan lugar a un nuevo modelo de relaciones económicas; la producción, que anteriormente tenía unos límites fijados, especialmente por los países pioneros en la industria, ve resurgir un comercio muy competitivo; las diversas producciones ahora se forman de manera generalizada y colapsan los mercados que antes no ofrecía tanta oferta y demanda.

Los gobiernos responden con un proteccionismo que acaba estableciendo aranceles con el fin de sacar provecho a sus fronteras y productos, pero esto no es suficiente y se buscan mercados fuera del continente donde se pueda ejercer el comercio con mayor demanda que Europa.

Algunos historiadores proponen un paralelismo entre estos dos conceptos, el proteccionismo y el colonialismo, lo que lleva al brazo armado del estado a expandirse con el fin de proteger sus intereses y experimentar un incremento de ingresos en función al prestigio mundial comandado por los orgullos nacionales.

A su vez, este proceso de industrialización necesita de materias primas con las que alimentar sus procesos para los diversos productos que se fabrican de manera cada vez más especializada. Este es otro de los puntos clave para entender la expansión por África, una tierra más rica en minerales y no tan saturada de explotaciones físicas de los recursos naturales como lo estaba el continente europeo.

Son estas necesidades económicas lo que hacen respaldar teorías que unen el imperialismo con la carencia de recursos para una continua expansión, una visión de esparcimiento infinito muy acorde con el siglo XX cuando no había un debate internacional sobre la exposición de que los recursos son limitados en un trasfondo de debate ecológico y una economía planificada.

En este marco, las potencias que planeaban aventuras coloniales se fijaban en los buenos resultados de otras naciones, pero no siempre estas incursiones salían bien, a veces se perdía la influencia local o se originaban movimientos armados como en las guerras de los bóeres en Sudáfrica o el levantamiento de los bóxers en China, llegando a producir costes muy serios para los estados, implicados en guerras de ultramar o en pérdidas económicas y militares.

La influencia internacional también respondería a estas ansias expansionistas, a modo de mostrar un gran poder que llevaba consigo un gran respeto, algo que en el esquema ideológico nacionalista encaja perfectamente.

Había naciones, que una vez implicadas en el proceso de ensanchamiento territorial de los siglos XIX y XX se veían obligadas a involucrarse en nuevas conquistas que traían en sus beneficios enclaves estratégicos importantes para proteger las rutas comerciales de camino a la metrópoli o simplemente por su valor militar en caso de un conflicto armado que tuviera ataques del exterior a la red colonial.

Siguiendo en este campo militar, África era un escenario perfecto para poner de nuevo en acción a ejércitos profesionales que estaban en sus naciones de manera inactiva, una forma de entrenamiento impulsada sobre todo por los grados medios y superiores del ejército, que veían en estas conquistas promociones personales, influencias, ascensos y riquezas; una oportunidad que no iban a desaprovechar.

Con todo, las expansiones territoriales también traían en sus entrañas los problemas que comprenden las grandes naciones, es decir, una difícil organización social por la distancia entre sí con la metrópoli que podía dar lugar a conflictos internos, además de la dificultad de abastecer a toda la población con alimentos y la complicada tarea de darlos un empleo digno y remunerado.

Los pueblos nativos apenas pudieron hacer nada para hacer frente a los europeos debido al impulso técnico que tenía sus raíces en la segunda revolución industrial. Estas sofisticaciones se aplicaron en el terreno de la guerra (cuya profesionalidad era cada vez más efectiva en combate) y en los transportes, que eran cada vez más seguros y prácticos, llegando a alcanzar velocidades y conexiones jamás imaginadas anteriormente.

Todo ello, sumado a ese sentimiento europeo de ver al resto de naciones como menores de edad que necesitan de la figura paternal de la civilización occidental hicieron del colonialismo una realidad histórica.

El film de Jean-Jacques Annaud, acompañado de una buena banda sonora, retrata este mundo colonial con la esperanza de no caer en el olvido este proceso de reparto de África. El final retrata de forma indiscutible como los pueblos pasaban de unas naciones a otras como mercancías de un occidente explotador y clasista que acabó alimentando políticas de odio y racismo reflejadas en las conductas de la supremacía blanca en el continente africano.

El colonialismo es una de las etapas más tristes de los pueblos europeos donde la injusticia y los intereses comerciales pasaron por encima de los derechos humanos y la dignidad de las sociedades, algo que no puede haber quedado como una anécdota más de nuestra historia, sino que es una lección con mayúsculas del respeto que debemos aprender para desenvolvernos con dignidad en el marco de las relaciones diplomáticas, anteponiendo la colaboración, la solidaridad y la confianza antes que el egoísmo y la individualidad primitiva del ser humano.

Los instintos del hombre de matar para el saqueo organizado deben enterrarse en la cuneta de la historia, en memoria y dignidad de todos los pueblos oprimidos de la tierra que han sufrido las crueldades más absolutas del colonialismo.

Aprender de las lecciones, de los errores y vergüenzas de la historia son las pistas clave que nos van a guiar en la correcta dirección del futuro y porvenir de nuestras sociedades. La injusticia no podrá ligarse nunca con la racionalidad, el sentido común y el auténtico sentimiento humano de la misericordia y la bondad.

@hectorbraojos

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