La vida es sueño, por la Compañía Nacional de Teatro Clásico

El pasado 2 de noviembre se representaba la representación de la Vida es Sueño según la versión del dramaturgo Juan Mayorga, dirigida por Helena Pimienta y producida por la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Una brillante interpretación que se centra en un viejo conocido del teatro español.

Calderón de la Barca se expresa en esta obra estrenada en 1635 moviéndose en verso a través de una interesante historia donde llama la atención la temática del origen o el principio de la obra.

Cabe mencionar el mito de la caverna de Platón, donde según él, todos los seres humanos vivimos encerrados en una cueva observando sombras proyectadas por un fuego a nuestras espaldas, es decir unas sombras expuestas por una luz falsa, una proyección artificial. Sin embargo cuando el ser humano se libera se da cuenta de que su vida es un simple decorado y debe salir de la cueva donde observa el sol, la luz natural, la verdadera que se representa como el bien.

En este aspecto, la historia de la vida es Sueño es bien parecida, Segismundo aparece encerrado en su torre, guardado de su futuro como futuro príncipe de Polonia, retratado como una bestia salvaje, una persona que se parece más a un animal que a un ser humano. Sin embargo la otra cara de la moneda de la personalidad de Segismundo es la de un alma atormentada y reflexiva, sensible y con una capacidad de análisis muy alta donde le da vueltas y vueltas a su existencia, a su derecho de libertad y a su ser.

Segismundo está encerrado, entre sombras y oscuridades, pero se le presenta la oportunidad que le da su padre sin que él se entere de revelarse como el nuevo príncipe de Polonia, como prueba para comprobar si es tirano como teme su padre y como le predijeron las estrellas.

El destino juega como un hilo conductor a lo largo de toda la obra y este primer momento de poder es una luz en su eterna oscuridad, de prisionero a príncipe y heredero de Polonia. Pero Segismundo falla en la prueba, tirando a un hombre por el balcón fruto de su cólera de tantos años encerrado entre gritos y rabia. Se comporta como un príncipe déspota y de nuevo es encerrado.

Encontramos aquí de nuevo la vuelta a la oscuridad en un juego de luces y sombras, después de ver la realidad, se la interpreta como un sueño, y después de ver de ver esa “fantasía”, Segismundo vuelve a la pesadilla de su celda y se ve sorprendido con la nueva realidad.

De nuevo entre la más oscura soledad, los fantasmas atormentados de su mente no hacen más que envolverle la cabeza, planteándose con monólogos muy sesudos qué es la realidad, qué es el sueño, qué es la propia vida y si la realidad es simplemente un sueño.

Blanca Portillo actúa de una manera que trasmite la angustia existencial de Segismundo poniendo de manifiesto la paradoja de percibir mundos irracionales, de una mente encerrada en una celda sin escapatoria.

Entre tanto se secunda la trama con otra historia intrincada entre el poder y la mentira, donde Clotaldo y su hija Rosaura se enzarzan entre la verdad y lo oculto para dar paso a una historia secundaria de amor y odio entre Rosaura y el duque de Moscovia Astolfo.

Finalmente el teatro se sobrecoge cuando se interpreta la liberación del auténtico príncipe de Polonia. El techo se destroza por la parte izquierda superior y aparecen dos soldados que tratan de rescatar al reo.

La luz artificial, que simboliza el día, entra por la ventana de la celda con un nivel de realismo muy alto al igual que el resto de la iluminación de la obra, desempeñando un papel clave en la credibilidad de la actuación, metiéndose el espectador en la historia de un modo absorbente, casi hipnótico; donde además también acompaña el dificilísimo arte de la música con cuatro músicos (una guitarra, una flauta, un violonchelo y percusión) que amenizan según la escena la tensión, la felicidad o el simple acompañamiento de una manera vibrante y perfectamente conseguida.

La luz baña a Segismundo, acompañado de gritos del pueblo de Polonia y el polvo tras la violenta entrada de los liberadores del príncipe encerrado.

El estruendo sorprende al público y a Segismundo, la historia vence un recorrido distinto y gira en sentido contrario a lo que parecía el eterno encarcelamiento de Segismundo.

El príncipe, sobrecogido, no entiende nada, no llega a comprender; de repente su mundo se vuelve totalmente diferente. Resulta que sus sueños son la realidad y que su realidad solo ha sido un sueño que no debió ocurrir. Tras un monólogo llega a entender quién es, que quien pensó que era en una realidad diferente es el mismo que la realidad que comparte con el mundo. Todo ha sido un engaño, una mentira, su vida entera condenada por los astros que predijeron un futuro negro para su padre Basilio y Polonia entera.

La rebelión llega a Polonia, la historia se vuelve mucho más intensa, y la emoción se palpa en el ambiente.

Se libera al príncipe y comienza una recuperación de su personalidad, de quién es realmente y acompañado del pueblo Polonia se estremece con las revueltas y los sonidos lejanos de los cañonazos.

Segismundo libera a Clotaldo, permitiendo que este luche en el bando del rey y pone de manifiesto una nueva actitud más piadosa y bondadosa que muestra la evolución del personaje desde su primer conocimiento de su personalidad hasta la nueva situación que requiere estar a las alturas de las circunstancias.

Las tropas del rey y el príncipe se enfrentan y gana finalmente Segismundo entrando al palacio de Basilio y encontrándose cara a cara con él de manera que pone su espada a su servicio y arrodillándose ante el rey derrotado. Este al darse cuenta de la magnanimidad de Segismundo le ofrece la corona y acaba cediendo sus poderes ante le príncipe legítimo del pueblo y de herencia frente a las aspiraciones iniciales de Astolfo y Estrella.

El aplauso es atronador y no hay nadie absolutamente en la sala del teatro que no aplauda, con una magnífica actuación en especial de Blanca Portillo y una maravillosa adaptación de este gran clásico del teatro español.

El tema central se ha impuesto hoy en día por lo menos a nivel popular como una obra casi existencialista, ¿Qué es real y qué no? ¿Qué es la vida? Sin embargo tras ese trasfondo se esconden otras muchas sutilezas dramáticas e incluso religiosas.

El juego de celda y palacio, hombre y fiera, libertad y prisión es consecuencia de una técnica del barroco llamado claroscuro que se filtró en todas las representaciones artísticas que no solo hacen referencia al teatro sino a otros artes como la pintura o la arquitectura. Así se extiende un matiz continuo a lo largo de toda la obra con el juego de las luces y las sombras con cualquier ente y su opuesto, la bondad y la maldad, la crueldad y la piedad, de manera constante a través las diversas acciones y escenas.

El trasfondo religioso corresponde al principal debate de la obra, la libertad frente a la predestinación. El libre albedrío o la libertad esta constituido por la Iglesia católica y el destino se supone la Iglesia protestante. Recuerdo que la obre se estrena en 1635 y que por lo tanto vive el período enérgico de la Iglesia católica de la contrarreforma que dura desde el pontificado del Papa Pío IV en 1560 hasta el fin de la Guerra de los Treinta Años, en 1648. En esta convulsión que sufre la iglesia desde sus entrañas, un nuevo grupo cristiano valora muy negativamente la avaricia del Papa y se duda de las indulgencias y las bulas del mismo, además de diversos temas teológicos como la adoración a santos y la autenticidad de las reliquias que por entonces reclamaban turísticamente al gentío para adorarlas y admirarlas de modo que interesaba comercialmente a la ciudad de turno que tuviera en una iglesia un pedacito de la cruz de Cristo o una espina de su corona por ejemplo. Esto se debía a la enorme multiplicación de reliquias que salpicaban a Europa en una gran mayoría de ciudades.

En estos pasajes de la historia, la Iglesia católica ve amenazada su posición como instrumento indiscutible de Dios en la tierra por su separación de la vida real del vulgo al ser enormemente custodiada y mimada por todas las grandes monarquías europeas, obteniendo así una serie de privilegios y expansiones que aceleró su poder político, económico, diplomático y social. De modo que se decide emprender un proyecto para acabar con estas oleadas de pensamientos peligrosos para su asentamiento como institución de Dios.

Comienza la contrarreforma con un gran esfuerzo por parte de dar una respuesta a todos estos acontecimientos reforzando aún más la doctrina y emprendiendo una modificación de las diversas órdenes de religiosos haciéndolas volver de nuevo hacia el origen espiritual de sus creaciones. Además se emprende una restructuración dentro de la organización clerical con la fundación de los seminarios donde se iniciaban un recorrido de estudios teológicos. De esta manera la Iglesia católica trata de salir reforzada en su autoridad teniendo una férrea vigilancia a los diversos movimientos de la fe reconduciéndolos hacia la relación privada con Cristo y a la piedad como bandera.

Tras el final de la obra de la libertad triunfando sobre el destino en la obra de Calderón parece este contemplarse a favor de esta contrarreforma que se filtra en todas las categorías sociales a través de la Iglesia católica de España.

Esta oposición de ideas corresponde al dualismo, la tesis y antítesis muy utilizada a lo largo de la obra para resolver una impresión de claroscuros donde también se filtra el trasfondo de la religión.

En su conjunto como obra, Calderón de la Barca se expresa de la manera más bella a través de las palabras de sus personajes donde por último me gustaría recalcar esa escena donde Segismundo, en un debate abierto consigo mismo, se recrea como una persona intelectual, pensativa y llena de vida y se compara con los animales. Si él está encerrado como un animal, desposeído de la libertad como si de una terrible bestia se tratara, se compara con otras bestias como los peces que se enfrentan a la inmensidad del océano y se cuestiona qué tipo de bestia es él que hasta la más humilde en la naturaleza goza de la libertad.

La obra encierra un importante número de secretos y comparaciones literarias entre líneas donde se demuestra la situación social del siglo XVII y de cómo nacen y mueren temáticas como el drama filosófico o la tragicomedia para acercar todo tipo de espectadores. Un documento histórico en si mismo, una obra genial, unos versos perfectamente coordinados y un título inmejorable.

Los personajes tienen un perfil muy bien definido y actúan en un hilo conductor acorde con las circunstancias individuales que dotan a las escenas de una serie de historias entremezcladas que se superponen aparcando momentos de unas y otras poniendo al espectador en una intriga continua de un relato guiado por el destino y la libertad marcada de manera absoluta en los personajes principales, lo que consigue amenizar los pasajes invitando al que admire la obra a recoger las claves para saciar la curiosidad del comportamiento emprendido por los actores de la ambición, el miedo, el amor, la bondad, la ira o el más profundo deseo de ser libre.

Mi valoración es muy positiva acerca de todo lo que rodea a la obra y su representación coordinada con la adaptación elaborada por la Compañía Nacional de Teatro Clásico es muy impactante, llena de vida y de sueños como su origen del título. Una preciosa historia que te estremece desde el principio hasta el final y te atrapa de cualquier pensamiento para absorberte toda la recreación imaginativa y canalizarla a través del bagaje de Segismundo y su entorno.

@hectorbraojos

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